El mercado laboral mundial ha experimentado cambios profundos en las últimas dos décadas, impulsado por la globalización, la tecnología, las crisis económicas y sanitarias, y los cambios sociales que han afectado tanto su naturaleza como la forma en que este se organiza y valora.
En efecto, los avances tecnológicos han sustituido las tareas rutinarias, sobre todo en la manufactura y los servicios. Por igual, la inteligencia artificial y la robótica han creado nuevas ocupaciones que están vinculadas al análisis de datos, al surgimiento de desarrolladores y a la transformación digital. La aparición del trabajo remoto e híbrido, sobre todo a partir de la pandemia del covid-19, transformó la forma de trabajar y de medir la productividad laboral.
En ese escenario, es obvio que se han creado desafíos de desigualdad digital, pues ahora hay menos demanda de habilidades manuales repetitivas y más de labor tecnológica como, por ejemplo, de programación, interpretación de datos, etc., así como habilidades blandas que están relacionadas con la resolución de problemas, la comunicación y el pensamiento crítico. Aquí el aprendizaje continuo es imprescindible para mantener la empleabilidad.
Una mayor movilidad y flexibilidad laboral es común en el mercado laboral de hoy en día, en donde desaparecieron las “carreras para toda la vida”, se multiplican los trabajadores freelance, temporales o por proyecto, y se duplican los empleados que pasan, de manera rápida, de un sector a otro o se mueven entre países.
Los estudios también revelan que los empleadores y trabajadores valoran ahora más el equilibrio vida-trabajo, los espacios seguros y los empleos con propósito, volviéndose prioridad la salud mental y emocional. Otra característica es que en las economías desarrolladas el envejecimiento de la población ha conducido a una prolongación de la vida laboral, mientras que en países en desarrollo se verifica una mayor presencia de jóvenes, con desafíos de formación y de formas de empleo juvenil.
En el caso dominicano, el mercado laboral ha experimentado cambios significativos durante los últimos 20 años, todas marcadas por el crecimiento económico sostenible, los desafíos estructurales persistentes y el impacto de la crisis sanitaria del 2020. En ese contexto, persisten desigualdades en el acceso a empleos de calidad, especialmente entre jóvenes, mujeres y poblaciones rurales.
Estas brechas se profundizan, dejando ver la situación compleja y desigual en donde miles de trabajadores se enfrentan, día a día, a precarios salarios laborales y pocos trabajos decentes, y a una enorme incertidumbre vinculada a las pensiones establecidas en la seguridad social. Los retos tecnológicos amplifican esta difícil problemática, evidenciando la necesidad de reformas laborales inmediatas y el establecimiento de políticas públicas que promuevan la inclusión social.
En resumen, los avances tecnológicos, especialmente los vinculados con la industria 4.0, el internet de los cosas (maquinas, sensores y dispositivos que recopilan y comparten datos en tiempo real), la inteligencia artificial, el big data, la realidad aumentada, entre otros, han creado un mundo nuevo en donde, al parecer, los trabajadores serán prescindibles en el futuro. Y este es el escenario que, lamentablemente, encuentran los trabajadores este 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo. Para todos los trabajadores del mundo, van nuestro cariño y afecto.











