Las elecciones de 2028 tienen la característica de que el presidente de turno agota su ciclo electoral y no puede aspirar a una reelección. Eso abre las apetencias aspiracionales en el partido de gobierno, pero con la característica de que los que se creen presidenciables lo hacen desde una plataforma presupuestaria y de nómina, es decir, desde un puesto público.
Ser aspirante a la nominación presidencial al tiempo que se desempeña un cargo de ministro de Estado, alto funcionario en otra posición o desde la una alcaldía, se torna fácil, pues se cuenta con recursos, además de poder para nombrar personas.
Distinto es cuando se asumen aspiraciones fuera del aparato estatal, donde el aspirante debe medir su fuerza y su atractivo social con base en sus talentos y no anclado en un presupuesto estatal y una nómina pública. Ojalá que esta sociedad sea firme en reclamar a los aspirantes que lo hagan separados de los cargos que les dan poder desde el Estado.










