“El que quiere engañar siempre encuentra quien se deje engañar”.- Nicolás Maquiavelo
Luego de semanas de amenazas arancelarias y advertencias desde Bruselas, la Unión Europea terminó firmando un acuerdo comercial profundamente desigual con Estados Unidos. Lo que parecía una negociación tensa concluyó como una rendición ante la presión de Washington.
Trump impuso un arancel del 15% a la mayoría de los productos europeos. A cambio, la UE no aplicará gravámenes a los bienes estadounidenses. Úrsula von der Leyen justificó el acuerdo como un mal menor frente a la amenaza de un arancel del 30%, pero su argumento apenas disfraza la magnitud de la cesión.
Con razón las críticas no se hicieron esperar. En Francia, Marine Le Pen calificó el pacto como un fiasco político, económico y moral. Denunció que los agricultores franceses fueron sacrificados para complacer intereses externos y que Francia deberá importar cientos de miles de millones en gas y armamento estadounidense, comprometiendo su soberanía.
El Consejo de Administradores (administrateurs judiciaires, riesgo de quiebra en distintos sectores) advirtió que muchas empresas, especialmente del sector vitivinícola, no resistirán las nuevas barreras comerciales. Allianz Trade proyecta más de 67,000 quiebras en 2025. Thierry Breton recordó que, antes de Trump, los aranceles eran de apenas 1.7%; hoy, sumado al euro débil, el costo real de exportación se acerca al 25%.
En Alemania, el golpe fue aún más profundo. El arancel a los automóviles pasó de 2.5% a 15%, una amenaza directa a su economía exportadora. El Instituto Kiel estima que el impacto inmediato reducirá el crecimiento económico anual en al menos 0.13%, aunque advierte que los efectos estructurales podrían ser duraderos. El canciller Merz admitió que se evitó un desastre mayor, pero reconoció que Europa quedó en clara desventaja.
Además del trato comercial, la UE se comprometió a comprar 750,000 millones de dólares en energía estadounidense, invertir 600,000 millones en su economía y adquirir grandes volúmenes de armamento. Mientras Estados Unidos protege sus mercados, Europa subvenciona los suyos y allana el camino para una economía supeditada en gran medida a los designios económicos de Washington.
Italia y España también verán afectado su crecimiento. Aunque sus gobiernos han sido discretos, los análisis prevén efectos similares en competitividad, quiebras y reducción del PIB, sobre todo en sectores agroalimentarios e industriales.
Pero más allá de los números, el acuerdo desnuda una realidad estructural. La UE, que se presentaba como defensora del comercio justo, firma hoy un pacto que contradice su relato fundacional. Lejos de actuar con unidad, cedió ante un socio que negocia desde la imposición. Trump dijo no necesitar un acuerdo porque ya se beneficiaba con los aranceles. Esa actitud se impuso. Europa capituló ante el “hombre de los aranceles”, como afirmaba un analista. Su dependencia militar de EE. UU., la fragilidad de su mercado interno y su nostalgia por una globalización muerta la dejan por ahora sin opciones.
No puede perderse de vista que este acuerdo es solo el epílogo de una jugada más amplia iniciada con la guerra en Ucrania. EE. UU. De la mano con sus “socios europeos” obligó prácticamente a Rusia a ir a la guerra para debilitarla y postrarla, drenó recursos europeos hacia la guerra y ahora remata con un acuerdo que le transfiere capital, soberanía y mercados. Biden abrió el juego, Trump lo cerró.









