Para 2030, los países tienen el compromiso de cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en especial con el segundo: Hambre cero, que tiene como meta poner fin al hambre y asegurar el acceso de todas las personas a una alimentación sana, nutritiva y suficiente durante todo el año.
Sin embargo, para lograrlo, se requiere una serie de acciones clave, como poner fin a todas las formas de malnutrición, duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores; asegurar la sostenibilidad de los sistemas de producción de alimentos, aplicar prácticas agrícolas resilientes y aumentar las inversiones, entre otras.
El informe “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2025”, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), destaca que existen indicios de que el hambre en el mundo ha disminuido en los últimos años.
Se estima que el 8.2% de la población mundial puede haber padecido hambre en 2024, lo que supone un descenso con respecto al 8.5% registrado en 2023 y al 8.7% en 2022. El progreso viene impulsado por notables mejoras en Asia sudoriental, Asia meridional y América del Sur, frente al aumento constante del hambre en la mayoría de las subregiones de África y en Asia occidental.
De acuerdo con Luiz Beduschi, oficial principal de Políticas en Desarrollo Territorial de la FAO en América Latina y el Caribe, “el aumento de la pobreza, impactos del cambio climático y conflictos globales están exacerbando las desigualdades, especialmente en zonas rurales y sistemas agroalimentarios”.
Ante este escenario, donde los gobiernos y las organizaciones internacionales tienen un rol protagónico, se necesitan otros actores que puedan hacer posibles cambios en los sistemas actuales. Un ejemplo de ello son emprendimientos agrícolas o agroemprendimientos.
Beduschi explica que una características esenciales para que un emprendimiento sea considerado sostenible en los sistemas agroalimentarios es que incorpore la gestión y conservación de los recursos naturales en su quehacer, por medio de la orientación del cambio tecnológico e institucional, “de manera que se asegure la satisfacción de las necesidades humanas para las generaciones presentes”.
El objetivo con este tipo de emprendimientos es que puedan garantizar que haya “alimentos sanos para todos y todas, hoy y mañana”. Este desarrollo sostenible asegura la conservación de la tierra, el agua, los recursos genéticos vegetales y animales, no degrada el medioambiente, es técnicamente apropiado, económicamente viable y promueve la equidad e inclusión de las mujeres rurales, los jóvenes, los conocimientos de los pueblos indígenas y afrodescendientes.
“El escenario actual nos obliga a disminuir las brechas de pobreza y hambre en la región, pero también a mitigar los efectos del cambio climático”, destaca, al agregar que uno de los énfasis que han puesto está en la Iniciativa Mano de la Mano, a través del fomento a inversiones habilitantes y la identificación de oportunidades en las cadenas de valor, impulsando una producción sustentable.
El objetivo de esta iniciativa es promover el desarrollo rural, pero respetando el medioambiente y sus comunidades. La región ha movilizado cerca de US$1.750 millones entre 2022 y 2024. Este financiamiento proviene principalmente de bancos multilaterales y fondos climáticos, los cuales representan el 61% del total. Además, se observa una creciente participación del sector privado.
Innovación
El oficial principal de Políticas en Desarrollo Territorial de la FAO en América Latina y la región del Caribe destaca el papel que tiene la juventud para liderar estos negocios.
De acuerdo con el informe Innovación y Juventud Rural en América Latina y el Caribe, 2021, elaborado por la FAO y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), el 70 % de las startups agrotech en América Latina son lideradas por menores de 35 años. “Los jóvenes emprendedores están liderando transformaciones gracias a las tecnologías digitales en los territorios rurales”.
Señala que las plataformas de comercio electrónico permiten a pequeños agricultores vender sus cosechas directamente a consumidores, eliminando intermediarios y mejorando sus ingresos. “A esto se suman herramientas de agricultura de precisión, como drones y sensores, que optimizan el uso de agua y fertilizantes en cultivos”.
Pero, según precisa, “el cambio más disruptivo viene de los servicios de asesoría virtual, donde jóvenes capacitados llevan conocimiento técnico a zonas remotas a través de aplicativos y de mensajería móvil, democratizando el acceso a información clave para mejorar la producción y la productividad”.
“Los emprendedores jóvenes están aportando desde la innovación. En laboratorios de pequeña escala, experimentan con proteínas alternativas o alimentos enriquecidos con legumbres nativas, respondiendo a la creciente demanda global de nutrición saludable. Paralelamente, rescatan técnicas tradicionales”, destaca Beduschi.
Además, el agroturismo sustentable se ha convertido en una alternativa económica para las nuevas generaciones del campo, donde se están creando experiencias que combinan gastronomía tradicional con conservación ambiental, como rutas del cacao o del café que muestran el proceso desde la semilla hasta la taza. “Muchas comunidades ahora ofrecen alojamientos ecológicos, donde los visitantes pueden aprender sobre agricultura sostenible mientras contribuyen directamente a la economía local”.
Apoyo a emprendedores
La FAO brinda un apoyo integral a emprendedores rurales y agroecológicos en países en desarrollo, enfocándose en mejorar sus capacidades productivas, acceso a mercados y resiliencia climática. A través de asistencia técnica, ofrece capacitación en prácticas sostenibles como agroecología, manejo integrado de suelos y adaptación al cambio climático.
Además, facilita el acceso a financiamiento mediante alianzas con instituciones microfinancieras y programas como el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), destinado a pequeños productores.
Beduschi destaca que “la organización también promueve cadenas de valor inclusivas, conectando a los emprendedores con mercados locales e internacionales, y fomenta la innovación mediante herramientas digitales y agricultura climáticamente inteligente. Paralelamente, trabaja con gobiernos para diseñar políticas públicas y cuentan con diversas iniciativas para fortalecer emprendimientos sostenibles, combinando financiamiento, formación y colaboración estratégica.












