Los dominicanos han participado en expediciones arqueológicas, han ganado espacios en universidades como Harvard, unos han logrado, incluso, entrar a trabajar en la NASA.
República Dominicana cuenta con atletas que han logrado medallas en los Juegos Olímpicos; con jugadores exitosos en Grandes Ligas que han alcanzado un espacio en el Salón de la Fama, pero, además, el país ostenta una corona en Miss Universo, un premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, mejor conocido como Premio Óscar; así como un trofeo de la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA, siglas en inglés).
Thais Herrera le dio a Quisqueya otra hazaña: ser la primera persona de nacionalidad dominicana en llegar a la cima de las siete montañas más altas del mundo. Ella, que se define como un ser humano ordinario, cuenta a elDinero las peripecias que ha enfrentado en la vida, el dolor que ha experimentado, así como los momentos que la han rebosado de plenitud.
Los sueños de esta montañista, contrario a muchas personas que tienen las cosas claras desde la juventud, comenzaron a tejerse después de los 40 años. El dolor que dejó el fallecimiento de su esposo Domingo hizo que se fuera a la montaña a drenar la tristeza, donde encontró la inspiración para escalar las siete cumbres del mundo, concluyendo en el Éverest en 2024.
Allí, recuerda, se hizo una fotografía con una cámara que le había regalado su cónyuge, quien le pidió que inmortalizara el momento cuando lograra la meta. Pensar en su familia le daba esperanza para no sucumbir ante los momentos de dificultad.
A pesar de que cree en cumplir objetivos, Herrera expresa que es importante disfrutar el trayecto. “La vida es ahora, hay que vivir intensamente en el hoy, no puedo estar pensando en lo que pasó o en lo que pasará, sino disfrutar cada paso del camino”, afirma.
Ella sabe que la experiencia humana no está exenta de sufrimientos. Cuando le ha tocado la tristeza, ella lo habla con sus familiares y amigos. Reconoce que, a veces está bien no estar bien, no obstante, cree en la ayuda psicológica, cuando es necesario, y en la fuerza interior para superar las dificultades.
Señala que la maternidad la ha enseñado muchas cosas: a ser resiliente y a amar sin condiciones. De hecho, tras el deceso de su esposo, ella encontraba motivación en sus hijos, a quienes debía sacar hacia adelante, pese al dolor. “Ellos fueron el motor para levantarme”, comenta.
Rememora que, cuando intentó escalar su primera montaña, Aconcagua, la más alta de América del Sur, estaba a unos 200 metros de la cima, sin embargo, tuvo que devolverse junto al equipo con el cual escalaba, debido a que se avecinaba una tormenta. “En ese momento fue superdoloroso, o sea, yo había sacado de mis ahorros para ir ahí, había hecho todos los ajustes de tiempo en mi empresa; el sacrificio había sido muy grande y en ese momento me dolió muchísimo”, narra a este medio.
Sin embargo, no haber logrado la meta en ese momento la motivó a intentarlo una segunda vez. En esa ocasión, no solo estaba más preparada física y mentalmente, sino que hizo amigos, quienes la inspiraron a escalar las siete montañas más altas.
Viéndolo en perspectiva, Herrera dice que, de no haber experimentado la frustración de ese momento (en su primer intento), tal vez no se habría motivado a regresar y emprender un sueño. Ella asegura que está consciente de que la cima más importante para el ser humano es poder conocer su propósito. “Siento que uno viene a servir, a dar esos talentos con los que Dios nos ha dotado”, explica al tiempo de añadir que estos son para compartir y “aportar desde eso que tengo dentro de mí”.
Para ella, haber entendido el propósito hace que otras cosas sucedan. Tener claro ese propósito permite encontrar equilibrio entre la familia, el trabajo, los proyectos personales y los sueños.
Considera que cada cumbre alcanzada es también un ascenso para República Dominicana. Este arraigo a su identidad la motiva a representar a su nación en cada expedición. Siente que, en cada reto, “lleva a todos los dominicanos con ella, convirtiendo sus logros personales en motivos de orgullo colectivo. Ser la primera dominicana en realizar hazañas como completar un ‘Ironman’ (triatlón de larga distancia, considerado como una de las pruebas de resistencia más desafiantes del mundo) o alcanzar las siete cumbres y los dos polos es una fuerza impulsora.
Preparación y trabajo en equipo
Más allá de sus propias capacidades, Thais enfatiza que sus logros son fruto del trabajo en equipo. “Ningún sueño grande se consigue solo”, afirma con convicción. Ella ilustra este punto con la metáfora de una “cordada” en la montaña, donde los escaladores van amarrados: si uno cae, los demás tiran para salvarlo.
En su vida personal, este equipo ha sido fundamental. Sus amigos la impulsaron a retomar el entrenamiento cuando el dolor la paralizaba tras la pérdida de su esposo. Su familia, a pesar de sus propios desafíos, ha sido su motor y su base de apoyo incondicional. En su camino por las cumbres, Thais aprendió que el conocimiento puede venir de las fuentes más inesperadas.
Buscando preparación para sus expediciones polares, que incluyen esquí en condiciones extremas como los -35°C de Minnesota, Thais se acercó a Rafa, un reconocido montañista ciego mexicano. Deseosa de una técnica compleja o un consejo profundo, le preguntó qué necesitaba para un ascenso difícil. La respuesta de Rafa fue sorprendentemente sencilla pero reveladora: “Llévate mentas”.
Un simple detalle que, según Thais, resultó ser crucial para aliviar el ardor en su garganta causado por el oxígeno y el frío extremo. Esta anécdota resalta la importancia de la humildad para pedir consejo, incluso sobre los pequeños detalles, y cómo estos pueden ser determinantes para el éxito. La dominicana también completó un ‘Ironman’ -un triatlón- (casi 4 kilómetros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42 kilómetros de carrera).







