Depende de a quien le pregunte. El Gobierno dice que esta administración ha dado más luz que todas las anteriores y que los apagones actuales son coyunturales producto de la salida de algunas plantas de generación y el típico aumento de la demanda en el verano.
Cuando refresque la temperatura, dicen, bajara el consumo y por tanto “los apagones”. Pero la oposición denuncia que el sistema eléctrico ha colapsado por falta de planificación de la entrada de nueva generación y del mantenimiento de las plantas existentes. Como prueba de la “mala gestión”, destacan el aumento de las pérdidas de distribución.
Sin embargo, el gobierno no provee de los datos que respaldan su versión, y la oposición manipula las cifras a conveniencia. Mientras tanto, los dominicanos están al grito con los apagones. Hasta al aeropuerto se le fue la luz, sembrando el caos entre los pasajeros y solidificando la idea de una crisis en el sector eléctrico. La falta del buen uso de las estadísticas alimenta la percepción del aumento de los apagones, inclinando la balanza a favor de la oposición. ¿Se corresponde la realidad con dicha percepción? ¡Veamos las cifras!
El Ministerio de Energía y Minas (MEM) publica uno de varios informes de desempeño del sector eléctrico, que tanto el gobierno como la oposición parecen aceptar. Dicho informe presenta un indicador denominado “Disponibilidad” que se refiere al promedio del porcentaje de las 24 horas que el servicio eléctrico estuvo disponible en el mes o el año.
El “reverso” de tal indicador mide la duración promedio en que “NO hubo luz” disponible para los clientes y usuarios de las EDE; en otras palabras, la duración media de los apagones. Hagamos el ejercicio.
La disponibilidad promedio del servicio eléctrico para el año 2009 fue del 78.1% para las 3 EDEs, lo que significa que en promedio hubo 18 horas y 45 min de energía eléctrica en los 365 días del año. Igualmente, eso significa que los dominicanos recibieron en promedio 5 horas y 15 minutos de apagones diariamente durante todos los días de ese año.
Para el 2019 la disponibilidad promedio había subido hasta el 89.7%, es decir el servicio había mejorado hasta suministrar en promedio 21 horas y 33 minutos, lo que equivale decir a que los apagones se habían reducido a tan solo 2 horas y 27 minutos en promedio para todos los días de ese año.
Para el año 2024, la disponibilidad se había elevado aun más hasta alcanzar el 98% de las 24 horas, lo que significa que la energía estuvo disponible durante 23 horas y media en el día, para solo 29 minutos de apagones diarios en promedio de los 365 días del año 2024.
La evolución de las horas promedio diario de apagones en los pasados 15 años (marcando algunos eventos significativos del período) se muestra en la gráfica siguiente: Esta 1ra gráfica muestra de manera incuestionable la reducción progresiva de los apagones a través de los años, pero de manera significativa a partir del 2020. Ese fue un año de elecciones y cuando se declaró la pandemia del covid, los apagones se desplomaron un 70%.
En las dos elecciones anteriores las disminuciones fueron de solo un 22% y 11% respectivamente. Pero cuando se observa la dinámica mensual del año 2020 (2da gráfica), en el que hubo elecciones separadas en medio de la peor crisis electoral en los últimos 30 años, se observa claramente el manejo político del suministro de energía.
Los apagones caen un 40% entre noviembre del 2019 y las elecciones municipales de febrero. Estos bajaron aun más al declararse el covid como pandemia, hasta alcanzar su piso en abril, para luego aumentar hasta las elecciones presidenciales en julio y la toma de posesión en agosto. El nuevo gobierno retomó la reducción de apagones hasta reducirlos en su mínima expresión los meses posteriores y estabilizándolo a un promedio por debajo de media hora diaria para los 4 años siguientes.
Los datos aceptados por todos demuestran claramente que los apagones se han reducido sensiblemente durante la administración actual, a costa del elevado aumento del déficit financiero del sector eléctrico. Sin embargo, la percepción de la población contradice esta realidad.
Esto se debe a la “falacia del promedio”; es decir, para muchos la luz no se va en días y cuando esto ocurre, apenas dura unos minutos. Pero para otros, los apagones duran horas y los reciben casi todos los días. Por eso, aunque el promedio nacional es bajo, algunos son seriamente afectados, y, con razón, hacen ruido para llamar la atención sobre su precaria situación. A esto se le conoce como “la paradoja de la queja o la desigualdad”.
Y es que al momento de racionar la oferta (lo que ocurre solo cuando la demanda de energía supera la oferta disponible) y condicionado por la precaria situación financiera de las EDEs; a los circuitos donde las pérdidas comerciales son elevadas (40%/60%/80% y hasta 90%), se les aplican el grueso de los apagones.
Existen otros indicadores especializados como el SAIDI, SAIFI, CAIDI y el ASUI que permiten afinar aún más el análisis que esperamos poder presentar en una próxima entrega.











