El Grupo Banco Mundial, en su Informe Económico para América Latina y el Caribe (ALC), de octubre de 2025, ha puesto como tema central el “Emprendimiento transformador para el empleo y el crecimiento”, en donde destaca que, en la región latinoamericana, existe una elevada actitud emprendedora, observándose un alto prestigio y una cada vez mayor vocación por la creatividad y la innovación de los trabajadores. Sin embargo, también se revela que existen serias deficiencias en la calidad de los emprendimientos y, por ende, en los resultados.
Por demás, se afirma que “las tasas de emprendimiento aparentemente altas de ALC confunden dos tipos muy distintos de emprendedores: los propietarios de operaciones familiares versus los emprendimientos transformadores que agregan valor a la economía y crean empleos de mejor calidad”.
Hay un factor común y es que existe un déficit en el emprendimiento transformador, que viene dado porque cada vez hay menos graduados en carreras relacionadas con las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Son múltiples y variados los desafíos que tiene el emprendimiento en la región. Comprenderlos es clave para diseñar políticas públicas y estrategias privadas que impulsen una transformación productiva más inclusiva y competitiva.
Uno de los principales desafíos para los emprendedores en América Latina es la dificultad de acceder a fuentes de financiamiento adecuadas. A diferencia de otras regiones más desarrolladas, los ecosistemas de capital de riesgo en ALC son incipientes, además de que los sistemas financieros tradicionales suelen exigir garantías difíciles de cumplir para micro y pequeñas empresas. Esta limitación financiera reduce la capacidad de los emprendedores para invertir en innovación y escalar sus operaciones.
Por otro lado, aunque se observa una expansión en la oferta de programas de formación de emprendedores, persisten brechas significativas en capacidades técnicas y de gestión. Como se señaló anteriormente, muchos emprendedores carecen de conocimientos sólidos en tecnologías y matemáticas, lo que dificulta su sobrevivencia en el ecosistema emprendedor. Así también, en muchos países de la región existe una débil coordinación entre el sector público, el sector privado, las universidades y las organizaciones de apoyo al emprendimiento, lo que genera duplicación de esfuerzos, programas fragmentados y escasa transferencia de conocimientos.
Por demás, existen desafíos relacionados con la cultura empresarial, en donde el fracaso está estigmatizado. Asimismo, factores como la desigualdad de género, la falta de apoyo para mujeres emprendedoras y la discriminación hacia grupos en condiciones de vulnerabilidad, limitan la diversidad y riqueza del ecosistema.
En resumen, el estudio es reiterativo cuando dice que los emprendedores, no los gobiernos, son los movilizadores de capital y los creadores de empleos y valor agregado. “Desde que Joseph Schumpeter profundizó por primera vez en el análisis del emprendimiento en las décadas de 1930 y 1940, los emprendedores han sido reconocidos como la fuente de innovación que aumenta la productividad de las empresas y los trabajadores, y mejora los niveles de vida a lo largo del tiempo”. Poner la mirada futura en el ecosistema emprendedor, es una tarea pendiente de los gobiernos latinoamericanos.











