República Dominicana enfrenta un entorno global cada vez más exigente, en el que la innovación y la productividad constituyen pilares determinantes de la prosperidad.
En los últimos años, hemos observado avances significativos en ciertos sectores, pero la trayectoria del país exhibe rezagos notables frente a economías con las que competimos. Debemos fortalecer el presente con acciones que miren al futuro que nos merecemos.
Esta realidad impone, con urgencia, la necesidad de articular políticas públicas y acciones privadas orientadas a dinamizar la base productiva, mejorar la eficiencia y promover una cultura de innovación sostenida. No hablo de estudiar nuestros retos. Mi propuesta es entrar en acción de inmediato.
La competencia es cada vez más dura, y el plazo para actuar con eficacia no admite dilaciones. No basta con generar ideas aisladas; es indispensable estructurar un ecosistema que habilite a emprendedores y empresas, desde las etapas tempranas hasta la escala, para que accedan a recursos técnicos y económicos de manera ágil, transparente y predecible.
Por ello, es imprescindible que las autoridades del Estado y el sector privado se pongan de acuerdo para facilitar un corredor de oportunidades que redunde en inversiones productivas, empleo de calidad y transferencia tecnológica.
Este marco debe contemplar un plan a largo plazo, compatible con las realidades fiscales y financieras del país, pero suficientemente audaz para incentivar la innovación y la adopción de mejores prácticas. Entre las líneas estratégicas destacan: simplificación de trámites para la creación y operación de empresas, financiamiento accesible a través de instrumentos de crédito y capital emprendedor, y mecanismos de garantía y coparticipación que reduzcan el riesgo percibido por inversionistas.
Asimismo, es central promover incentivos que conecten la investigación con la producción, favoreciendo la adopción de tecnologías digitales, la economía circular y la eficiencia energética.
El sector educativo tiene un papel trascendental en este entramado. La educación en todos los niveles debe estar estrechamente ligada a las necesidades del desarrollo productivo: desde la formación técnica y vocacional, pasando por la enseñanza superior orientada a la innovación, hasta la educación continua para la actualización de competencias. El fortalecimiento de la base educativa no es un gasto, sino una inversión estratégica para generar capital humano capaz de emprender, innovar y competir.
Creo que es hipernecesario fortalecer los sectores productivos y llegar un pacto real entre los sectores público y el privado, con un compromiso firme de facilitar recursos técnicos y financieros a los emprendedores, y con una visión de largo plazo que sustente un desarrollo sostenible.
Este es el momento de actuar con decisión, coherencia y responsabilidad, sin perder de vista que la innovación y la productividad son la ruta para recuperar la competitividad de la nación y garantizar un futuro próspero para las nuevas generaciones.











