Es lógico y bien sabido que el Estado está en la responsabilidad de cuidar a los ciudadanos, en materia de salud, educación, seguridad ciudadana, protección social, etcétera.
También se sabe que el Estado no es del todo efectivo en ese deber, además de que su responsabilidad debe ir acompañada de la cuota de los ciudadanos en cuanto a su colaboración cívica para que esto se logre.
Ahí hay un detalle que muchas veces se pierde de vista. Cada vez que ocurre una tragedia surgen los comentarios de “hacedores de opinión” sobre la necesidad de que el Estado aplique tales o cuales medidas en procura de mejorar su gestión y evitar cosas que, en ocasiones, escapan de su control.
El cuidado no es solo una responsabilidad estatal; también pesa sobre el propio individuo. Es verdad que no debemos quitarle al Estado su responsabilidad, pero los ciudadanos deben cooperar cuidándose a sí mismos y evitando trabas a la labor estatal.











