Siempre he estado convencido de que a República Dominicana le ha faltado gente que piense en la nación, su dinámica económica en toda la cadena de valor, los sistemas que se entrelazan (financiero, medio ambiente, telecomunicaciones, transporte, entre otros), sus relaciones de poder y su futuro, en el más amplio sentido de la palabra.
Pero ese pensamiento, estratégico por demás, no puede ni debe estar supeditado a partidos políticos ni a intereses particulares, sino que tiene que surgir de un consenso serio del liderazgo nacional, de un compromiso vital de la oligarquía y el empresariado, de una apuesta colectiva a algo que todos quieran y que la población lo demande, de una articulación necesaria y fundamental alrededor de la problemática país.
Percibo que la Estrategia Nacional de Desarrollo (END) ya jugó su rol. Ahora se requiere algo que acerque más al diagnóstico con la ejecución, a las decisiones (políticas) de gobierno con los resultados.
Pero no se quiere, como ha ocurrido hasta ahora con la END, que el Estado se supervise a sí mismo en la implementación de sus estrategias y objetivos, sino que exista un mecanismo superior que “obligue” a los incumbentes a realizar las acciones que le beneficien a la mayoría, y a tener consecuencias si esto no ocurre.
Y la idea encerrada aquí no es pensar en la inmortalidad del cangrejo, sino, tal y como se estableció en el Foro Económico elDinero 2025, que se pueda desarrollar un centro de pensamiento con agendas concentradas en temas que apuesten al desarrollo integral de la nación.
Si pensáramos con más juicio colectivo del que lo hacemos, llegaríamos a la conclusión de que la gran estabilidad política, económica y social de la que alardeamos, no nos ha servido de mucho, pues los niveles de pobreza y de desigualdad que registramos no van acorde con la expansión productiva.
Y todo esto se debe a que nunca se ha pensado la nación como un todo, como una única apuesta y propósito, como un solo objetivo. La mayoría de las veces hemos tenido agendas particulares que la hacen confundir con colectivas, empezando por los partidos políticos que crean programas de gobierno habiendo una END.
El impacto que ha dejado el foro de marras es hacernos entender que existen espacios mediáticos que pueden ser más que eso, y convertirse en ecos de necesidades colectivas, en instrumento de negociación para la construcción del desarrollo y en mecanismos en donde la discusión franca y abierta, sin poses ni simulaciones pueda ser, no solo posible, sino obligatoria.










