El desarrollo logístico de la República Dominicana es innegable, pero su competitividad de largo plazo depende de que el transporte interno funcione con la misma eficiencia y agilidad que distingue a sus puertos.
Los esfuerzos realizados por el país para posicionarse como hub logístico, han mostrado resultados contundentes. Una muestra de ello es el cumplimiento del 100% del Acuerdo de Facilitación Comercial de la Organización Mundial del Comercio, presentado por la Dirección General de Aduanas en su memoria de gestión 2020-2024, como uno de los hitos que evidencia la modernización normativa e institucional que ha colocado al República Dominicana como referente regional.
La propia OMC estima que la implementación de medidas contempladas en el acuerdo, que van desde la armonización de normas hasta la digitalización de procesos, permite disminuir los costos fijos de exportación en un promedio de 14.5%. En el caso dominicano, la mejora en el despacho de mercancías coincide con el rápido crecimiento del sector logístico, cuyos aportes al producto interno bruto (PIB) superaron el 3% en 2023, según el Informe de Evaluación de Impacto del Sector Logístico publicado por el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM).
Sin embargo, es importante destacar que los costos logísticos no dependen únicamente de lo que sucede en la frontera. Depende de toda la cadena de suministro, desde el proveedor hasta el consumidor final. Por tanto, al evaluar la competitividad, se deben tener en cuenta, además de los procesos aduaneros y regulatorios, la infraestructura portuaria y aeroportuaria, el transporte interno y los servicios logísticos privados.
De hecho, el Banco Mundial destaca que los costos logísticos más altos no se generan en los puertos, donde el país ha mostrado un desempeño extraordinario, sino en el transporte interno y otros servicios asociados. Los países que no cuentan con un transporte interno eficiente, aun cuando tengan puertos modernos, generalmente no compiten como hubs logísticos globales.
En nuestro caso, los avances en los dos primeros componentes son incuestionables, contamos con un sistema de aduanas ágil e infraestructura de primer nivel, la competitividad del país a largo plazo requiere superar un eslabón que sigue rezagado frente al resto del sistema: el transporte interno, que determina en gran medida la credibilidad y la predictibilidad de la cadena logística. Las limitaciones en conexión intermodal, la baja articulación entre nodos, la ausencia de corredores integrados y la baja calidad de las unidades, en un país que depende totalmente del transporte terrestre, representan brechas importantes para cualquier aspiración a consolidarse como centro multimodal.
El estudio Segmentos del Centro de Operaciones Logístico, publicado por el Comité Nacional de Facilitación del Comercio, indica que la antigüedad de la flota de camiones en República Dominicana es una de las más elevadas de la región, solo superada por Colombia, incrementando el consumo de combustible, elevando la probabilidad de averías y afecta la puntualidad de los envíos; además de ser un sector en el que predominan las empresas unipersonales, con baja capacidad de gestión y escasa profesionalización. Estos factores, combinados con la congestión vial, la falta de corredores y rutas logísticas, aumentan los tiempos de transporte interno y comprometen la ganancia de eficiencia en agilización de los procedimientos, afectando negativamente la competitividad.
La sensibilidad del comercio al tiempo y al costo es notable. Según el estudio, la literatura revela que por cada día adicional de transporte, la probabilidad de exportación se reduce entre 1% y 1.5%, mientras que una reducción de 10% en los costos de transporte puede incrementar las exportaciones hasta en un 30%. Es decir, mejorar el transporte interno es una apuesta estratégica para sostener el crecimiento del sector y de las exportaciones.
Hoy por hoy, la infraestructura instalada, que incluye puertos y aeropuertos eficientes, zonas francas diversificadas y operadores logísticos sofisticados, indiscutiblemente, es un activo sólido. Pero si el país aspira a sostener su ventaja competitiva a largo plazo y convertirse en un centro de transformación a nivel regional, debe apostar a la eficiencia del transporte interno como sistema: modernización de la flotilla, plataformas de transferencia integradas, descongestión vial e incentivos que introduzcan mayor competencia en el sector. Solo así se asegurará de posicionarse, realmente, en un nodo de transformación y valor agregado, a la altura de su estrategia logística y de su potencial regional.







