Para muchos, Black Friday no es más que un día divertido para realizar sus compras de regalos. Otras personas se toman muy en serio las promociones para aprovechar las ofertas y, de paso, ahorrar.
Sin importar las razones por las cuales salgas a hacer las compras del Viernes Negro, aquí tienes una lista de consejos para que disfrutes y ahorres al máximo.
1. Establece prioridades antes de salir. Los consumidores suelen dejarse llevar por la emoción del momento. Por eso, debes revisar previamente las promociones y anotar únicamente los artículos realmente necesarios. Esto evita compras impulsivas y ayuda a mantener el control del presupuesto.
2. Compara incentivos entre tiendas: descuentos, tarjetas de regalo y cupones que suelen generan largas filas. Sin embargo, estas promociones suelen tener cantidades limitadas. La recomendación es evaluar si vale la pena o si es mejor aprovechar rebajas más estables en productos indispensables.
3. No caigas en la trampa de las “ofertas irresistibles”. El ambiente festivo y el diseño visual de los anuncios pueden inducir a comprar más de lo previsto. Para evitarlo, usa métodos necesarios, preferiblemente una tarjeta prepagada, que también funciona como medida de seguridad ante robos o extravíos.
4. Organiza tu recorrido. El tráfico y las largas filas pueden convertir el día en una jornada intensa. Por ello, se recomienda planificar una ruta clara según los horarios de apertura.
5. Prioriza tu seguridad. El aumento de personas en centros comerciales puede generar empujones o tumultos peligrosos. La seguridad personal es más importante que cualquier descuento.
Con las tiendas adelantando sus horarios desde la noche del jueves, organizar las compras con anticipación puede marcar la diferencia entre un día caótico y uno verdaderamente provechoso.
Datos histórico
El término Black Friday nació en la década de 1960 en Filadelfia, Estados Unidos, cuando la policía local comenzó a usarlo para describir el caos que se generaba el día posterior al Día de Acción de Gracias. Las calles se abarrotaban de turistas y compradores, el tráfico colapsaba y los oficiales tenían que trabajar turnos extendidos sin posibilidad de tomar el día libre.
La presión por controlar multitudes fue tan alta que los agentes bautizaron la jornada como un verdadero “Viernes Negro”. A pesar de que los comerciantes intentaron suavizar el término proponiendo llamarlo “Gran Viernes”, el nombre ya había calado en la población.
Fue en la década de 1980 cuando los minoristas encontraron una oportunidad para resignificar la expresión. Empezaron a promocionar la idea de que, gracias al aumento masivo de las ventas, el Viernes Negro era el día en que las tiendas dejaban atrás los números rojos (pérdidas) y pasaban a números negros (ganancias) en sus estados financieros. Ese nuevo enfoque publicitario terminó por consolidar el nombre y expandir la fecha por todo Estados Unidos.
Lo que comenzó como una jornada caótica para la policía se transformó, con el paso de los años, en un evento comercial global. Las ofertas, los madrugonazos y las filas interminables pronto se convirtieron en parte del ritual. Hoy, decenas de compradores acampando frente a una tienda o empujándose por un producto rebajado forman parte del Black Friday, convertido ya en una tradición de alcance mundial y uno de los días con más oportunidad para recuperar ventas.













