Diciembre es un mes marcado por las celebraciones de Nochebuena y Navidad, cuando las familias se reúnen para compartir platos tradicionales que forman parte de la cultura gastronómica del país.
Durante estas festividades son preparaciones comunes como el cerdo asado, pollo horneado, lasañas, pastelones de plátano maduro y diversos postres caseros. Aunque estos alimentos aportan sabor y tradición, muchos contienen elevadas cantidades de grasas, entre ellas las grasas trans, consideradas las más perjudiciales para la salud.
Las grasas trans de origen industrial se encuentran principalmente en la margarina, manteca vegetal, alimentos fritos y productos horneados como galletas saladas, bizcochos y pasteles. Asimismo, muchos alimentos fritos y horneados que se venden en establecimientos de comida rápida contienen este tipo de grasa. De forma natural, las grasas trans también están presentes en pequeñas cantidades en la carne y los productos lácteos de rumiantes, como vacas, ovejas y cabras.
Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que el consumo de grasas trans obstruye las arterias y aumenta el riesgo de infarto de miocardio y muerte prematura. A nivel mundial, se estima que cada año más de 278.000 muertes están relacionadas con la ingesta de grasas trans de origen industrial.
Además, el uso de este tipo de grasa ha crecido de manera considerable en los últimos años debido a su bajo costo ya sus propiedades químicas, como su estabilidad y su condición de ser sólidas a temperatura ambiente, características que las hacen atractivas para la industria de alimentos procesados.
Según la OMS, las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de mortalidad en el mundo. Entre los principales factores de riesgo figuran una alimentación poco saludable, el consumo de tabaco y alcohol. A su vez, el consumo elevado de grasas trans incrementa el riesgo de muerte por cualquier causa en un 34%, la de mortalidad por cardiopatía coronaria en un 28% y el de padecer esta enfermedad en un 21%.
Recomendaciones
El organismo recomienda que los adultos limiten el consumo de grasas trans a menos del 1% de la ingesta energética total, lo que equivale a menos de 2,2 gramos al día en una dieta de 2.000 calorías. Asimismo, instale a los gobiernos a establecer un límite obligatorio de dos gramos de grasas trans de origen industrial por cada 100 gramos de grasa total en los alimentos, así como a prohibir la producción y el uso de aceites parcialmente hidrogenados.
Como alternativa, sugiere sustituir estos aceites por grasas más saludables. Entre ellas se encuentran los aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados, como los de cártamo, maíz, girasol y soja, así como los presentes en pescados grasos, nueces y semillas. También se recomiendan los aceites ricos en ácidos grasos monoinsaturados, como los de canola, oliva, cacahuete, frutos secos y aguacate.
La OMS señala que la adopción de estas dependerá de la disponibilidad de los productos, el costo de las alternativas y la capacidad de innovación de la industria alimentaria, con el objetivo de proteger la salud de la población.













