En el escenario público dominicano, ha surgido una tendencia preocupante: la hipersensibilidad de ciertos sectores frente a la fiscalización ciudadana y periodística.
Cuando se analizan indicadores, se cuestionan políticas o se exponen realidades basadas en cifras, la respuesta inmediata de los grupos afectados suele ser el victimismo. En lugar de debatir con argumentos, optan por denunciar “tramas oscuras” o “campañas de descrédito” que solo existen en su imaginativa resistencia a la crítica.
Este fenómeno no es exclusivo de una sola área; se manifiesta en la política, en los gremios y en las élites corporativas. Lo que estos sectores llaman “ataques” es, en realidad, el ejercicio pleno de la libertad de expresión y el uso riguroso de la data oficial. La madurez democrática exige entender que el escrutinio no es una agresión, sino una herramienta de mejora.











