[dropcap]E[/dropcap]n República Dominicana, posiblemente más que en otros países, los titulares de los periódicos y comentarios de comunicadores en programas de radio y televisión pautan los temas a debatir en la sociedad, con la característica de que una situación puede opacar a otra no menos importante.
En el último mes del año pasado se produjeron muchos acontecimientos relacionados con la inseguridad ciudadana e irregularidades administrativas en determinadas instituciones del Estado, a lo cual se agregaron las calamidades sufridas por residentes en provincias de la región del Cibao a causa de las inundaciones causadas por las intensas lluvias.
Fue tanto así, que las festividades de Navidad se vieron afectadas por una especie de frialdad de la población, con el agravante de que el Gobierno decidió suspender las actividades festivas y la distribución de regalos de parte de instituciones del Estado.
Pero el inicio del año no ha sido menos intenso. El escándalo internacional con repercusiones locales que ha surgido en torno a la empresa constructora Odebrecht ha ocupado los titulares de los periódicos y la atención de los comentaristas de medios electrónicos durante todos los días de este mes y posiblemente el tema siga en el tapete en las semanas siguientes.
Pero, ¿qué ha pasado con otros temas de alta importancia? ¿Se resolvieron y por eso no son tan atractivos para los medios y la opinión pública? La realidad es que no, que todos los problemas que afectan al país se mantienen latentes y sin planes efectivos para su solución.
En materia económica, por ejemplo, se ha enfriado el tema presupuestario, específicamente el relacionado con el creciente déficit fiscal que va a enfrentar el Gobierno este año, estimado de manera conservadora en más de RD$84,000 millones. Decimos de manera conservadora porque es muy seguro que ese déficit superará esa cantidad.
Para cubrir ese déficit el Gobierno seguirá aplicando la receta del endeudamiento interno y externo, el cual también se acrecienta con la contratación de más préstamos para saldar los vencimientos de capital e intereses de deudas previamente contraídas. Una especie de círculo vicioso que va en crecimiento cada año como única alternativa aparente para enfrentar la situación deficitaria del Estado.
¿Por qué aseguramos que el déficit de este año superará los RD$84,000 millones que ha estimado el Gobierno en el Presupuesto Nacional? Porque su estimación de ingresos está sobrevaluada. Para el 2016 el Gobierno estimó ingresos por alrededor de RD$490,000 millones. Sin embargo, al cierre del año terminó con ingresos por poquito más de RD$480,000 millones, es decir, quedó corto en el orden de los RD$8,000 millones.
Para este 2017 el Gobierno decidió apostar a una mayor eficiencia recaudadora, aunque sin reforma fiscal, por lo que su estimación de ingresos es de RD$539,000 millones. Esto indica que el Gobierno pretende este año superar sus recaudaciones de 2016 en no menos de RD$57,000 millones.
Algunos analistas se preguntan cómo el Gobierno alcanzará una mejora de sus ingresos por esa cantidad de un año para otro sin aplicar una nueva reforma fiscal. Desde esta tribuna preferimos no hacernos la pregunta y solamente concluir que esa meta no se alcanzará y que cada peso que no se alcance deberá ser cubierto con más préstamos que se le cargarán a la estimación de déficit de RD$84,000 millones. Por eso concluimos que el déficit fiscal de este año será mayor que esa cantidad previamente programada.
Lo único que nos queda por esperar es que la realidad nos dé en la cara y que el Gobierno efectivamente alcance su meta programada, que el déficit no supere el monto originalmente estimado y que la eficiencia del Estado en materia de recaudación mejore a esos niveles.
Sin embargo, esa esperanza no pasa de ser eso: “esperanza”, pues la verdad es que los números no alcanzan y la alternativa de reducir el gasto público no parece estar en la agenda gubernamental como posible alternativa de compensación del déficit.
Mientras tanto, la medicina del endeudamiento público parece ser la preferida de los médicos que dirigen a este paciente llamado Estado, el que hace años espera por una cirugía de corazón abierto y no de inyecciones de deuda que solo sirven para colocarlo en condición de “estable dentro de su gravedad”.





