El relanzamiento de la región norte de República Dominicana como un polo turístico de clase mundial no es una coincidencia, sino el resultado de una estrategia meticulosa encabezada por un liderazgo capaz de traducir visiones en realidades tangibles. No tengo que pedir permiso para afirmar lo que sigue.
Tampoco estoy en la obligación de pedir excusas. Esto es lo que pienso y lo hago con libertad. En el epicentro de esta transformación se encuentra Andrés Marranzini, cuya gestión como director ejecutivo del Fideicomiso de Punta Bergantín ha sido el motor que ha devuelto la confianza a Puerto Plata y sus alrededores. Lo puedo decir con toda seguridad.
Conozco a este joven gestor de proyectos, además de abogado, desde hace muchos años, desde que comenzó a dar sus primeros pasos en el sector turístico.
La elección de Marranzini para liderar este ambicioso proyecto no fue fortuita. Su trayectoria de éxitos, especialmente tras años de liderazgo institucional en el sector privado como vicepresidente de la Asociación de Hoteles y Turismo (Asonahores), le otorgó un reconocimiento unánime entre los actores clave de la industria.
Estoy seguro de que su capacidad para entender las necesidades de los hoteleros y las exigencias del mercado global fueron factores determinantes para que el presidente Luis Abinader depositara en él su total confianza, designándolo como el arquitecto ejecutor de este “nuevo norte”.
Hoy, esa confianza se traduce en resultados concretos. Sí, en resultados concretos. Bajo la dirección de Marranzini, Punta Bergantín ha pasado de ser un plan maestro a convertirse en un imán de inversiones sin precedentes. La confirmación de proyectos hoteleros de marcas globales como Hyatt (Ziva y Zilara), Meliá (en alianza con Grupo Puntacana), Westin y Marriott es una prueba fehaciente de que su credibilidad es el activo más valioso del proyecto.
Estas inversiones no solo aseguran un desarrollo de primer nivel, sino que han garantizado un flujo de efectivo suficiente para avanzar sin pausas en la adecuación de terrenos, infraestructuras hidrosanitarias y vías de acceso fundamentales en el proyecto.
La labor de Marranzini ha sido clave para “romper la inercia” que afectaba a la zona norte, logrando convencer a grupos financieros y operadores internacionales de que Puerto Plata está lista para competir nuevamente al más alto nivel. Su enfoque integral, que combina turismo hotelero con componentes inmobiliarios y tecnológicos, como el campus académico y el estudio de cine, demuestra una visión que trasciende lo convencional.
Porque conozco del proyecto, puedo afirmar que Punta Bergantín se encuentra hoy en un lugar privilegiado gracias a una dirección que goza de la solvencia moral y profesional necesaria para movilizar capitales y voluntades. El éxito de este proyecto es, en gran medida, el éxito de la gestión de Andrés Marranzini, un profesional que ha sabido honrar la confianza del Estado y del sector privado para devolverle a la “Novia del Atlántico” su brillo histórico.











