La República Dominicana no carece de emprendedores. De hecho, hablé con un emprendedor dominicano incluido en la lista Forbes 30 Under 30 sobre el emprendimiento en el país. Ambos coincidimos en que a la RD le faltan las condiciones que permitan que empresas de alta tecnología, competitivas a nivel global, nazcan localmente.
Esta distinción importa, porque explica por qué muchos de los fundadores dominicanos más capaces terminan construyendo fuera del país, por qué el capital de riesgo local tiene dificultades para respaldar innovación a escala industrial y por qué el país captura tan poco del valor generado por su propio talento.
Para entender esta brecha, vale la pena analizar no una startup hipotética, sino a un fundador dominicano real que opera en la frontera de la innovación climática e industrial.
Talento dominicano, sistemas extranjeros
Stwart Peña Feliz, graduado del MIT y reconocido en la lista Forbes 30 Under 30, es cofundador y CEO de MacroCycle Technologies, un emprendedor dominicano que desarrolla una empresa de materiales avanzados desde Cambridge, Massachusetts. MacroCycle opera en el ámbito de la innovación climática e industrial, el tipo de sector de alta tecnología que los responsables de políticas frecuentemente buscan atraer.
Lo notable no es que MacroCycle esté basada en Estados Unidos. Es que, según la propia evaluación de Peña Feliz, la empresa no habría podido nacer en la República Dominicana.
La razón no tiene que ver con ambición ni con inteligencia, sino con sistemas.
Lo que realmente ofrecen los ecosistemas de innovación
Peña Feliz atribuye al ecosistema del MIT el factor decisivo en la trayectoria temprana de MacroCycle. No por prestigio, sino por estructura.
El MIT ofrecía:
- Un entorno seguro para experimentar y fallar.
- Múltiples fuentes de capital no dilutivo a través de aceleradoras y competencias.
- Acceso a mentores que ya habían comercializado tecnologías profundas.
- Y, de forma crítica, infraestructura física capaz de soportar operaciones químicas e industriales a gran escala.
Estos no son beneficios adicionales. Son prerrequisitos.
En ese entorno, MacroCycle pudo levantar más de US$600,000 en financiamiento no dilutivo en etapas tempranas y más de US$7 millones en capital durante sus primeros dos años. Pudo reclutar doctores con experiencia específica en su dominio. Pudo probar, fallar e iterar tecnologías sin riesgo existencial en cada paso.
Nada de esto es estándar en los sistemas de innovación emergentes, incluida la República Dominicana.
La realidad del capital que los responsables de política evitan
Uno de los mitos más persistentes en el discurso dominicano sobre innovación es que más incubadoras, demo days o incentivos a startups producirán empresas globalmente competitivas.
Los fundadores hard-tech saben que no es así.
MacroCycle, explica Peña Feliz, requiere aproximadamente US$100 millones en capital y entre seis y siete años antes de alcanzar la rentabilidad. Solo después de ese punto de inflexión resulta realista una trayectoria hacia una posible valoración de US$10,000 millones.
Esto no es un fracaso del emprendimiento. Es la realidad económica de la innovación industrial y climática.
El capital de riesgo dominicano, estructurado en horizontes de tiempo más cortos y con tolerancia limitada al riesgo, no está diseñado para esto. Los bancos, restringidos por marcos regulatorios y realidades de balance, aún menos.
Hasta que exista capital paciente -o hasta que el capital extranjero se integre de manera sistemática- la innovación hard-tech seguirá exportándose.
La infraestructura siempre supera a los incentivos
Los gobiernos suelen intentar atraer innovación mediante incentivos. Los fundadores siguen a la infraestructura.
En los sectores climático e industrial, esto implica:
- Cadenas de suministro confiables.
- Acceso consistente a insumos.
- Y mercados domésticos de absorción para los productos finales.
El trabajo de MacroCycle depende de la disponibilidad de residuos plásticos y textiles a escala, y de la demanda local de materiales reciclados. En ecosistemas donde ya existen sistemas de recolección y compradores industriales, las barreras son menores. Donde no existen, las empresas comienzan en otro lugar y solo consideran expandirse más adelante.
Esto es directamente relevante para la República Dominicana.
Las iniciativas en torno a la gestión de residuos, la mitigación del sargazo, la transición energética y el reciclaje industrial suelen discutirse de forma independiente. Pero sin una planificación integrada de suministro y demanda, no conforman una plataforma de innovación. Siguen siendo proyectos, no ecosistemas.
La innovación sigue a las cadenas de suministro, no a los comunicados de prensa.
El corredor de la diáspora dominicana — con condiciones
Mucho se ha hablado de aprovechar la diáspora dominicana para fortalecer la innovación local. Peña Feliz es pragmático al respecto.
Vínculos más sólidos entre fundadores de la diáspora e instituciones en el país pueden ayudar, pero solo si las instituciones locales tienen capacidad real para contribuir.
Las universidades deben estar realizando investigación relevante. Los estudiantes deben formarse en disciplinas técnicas y comerciales aplicables. Las instituciones financieras deben entender el riesgo de capital de riesgo. Sin esto, la colaboración se vuelve simbólica, no productiva.
La implicación es incómoda pero necesaria: atraer talento de la diáspora no es un ejercicio de mercadeo. Es una actualización del sistema.
Donde realmente se rompen las startups: operaciones
Una de las limitaciones menos discutidas del emprendimiento dominicano es la profundidad operativa.
Según Peña Feliz, las startups en etapas tempranas rara vez fracasan por falta de ideas o incluso de modelos de ingresos. Fracasan porque no pueden acceder a operadores que hayan escalado tecnologías complejas con anterioridad.
La ejecución -no la ideación- es el cuello de botella.
Este aprendizaje va más allá de MacroCycle. Los ecosistemas de innovación que carecen de experiencia operativa no pueden acumular aprendizaje. Cada startup comienza desde cero. Cada error se vuelve a cometer. El progreso permanece episódico en lugar de sistémico.
Lo que esto significa para la innovación dominicana
La lección de MacroCycle no es que los fundadores dominicanos deban irse para tener éxito.
Es que la innovación es infraestructura.
Capital, densidad de talento, experiencia operativa, instalaciones físicas y coordinación institucional deben existir de manera conjunta -o no existir en absoluto-. Sin ello, las startups dominicanas seguirán escalando en el exterior, el capital de riesgo local seguirá siendo conservador y la propiedad intelectual exportable se monetizará en otros países.
El reto del país no es frenar este patrón con retórica, sino rediseñar el sistema que lo produce.
Hasta entonces, la innovación dominicana seguirá saliendo del país, no porque quiera hacerlo, sino porque tiene que hacerlo.













