El cierre del Dominican Annual Tourism Exchange (DATE) 2026 dejó cifras que confirman el dinamismo del turismo dominicano, pero también evidenció un cambio en la forma en que el sector está estructurando su crecimiento. Más allá del volumen de negocios, el evento puso en el centro la necesidad de entender al visitante, diversificar la oferta y fortalecer el capital humano.
La magnitud del encuentro se reflejó en su alcance internacional. “Tuvimos más de 200 empresas que llegaron de más de 20 países”, señaló Aguie Lendor, vicepresidenta ejecutiva de la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores), quien calificó esta edición como “probablemente el año con más empresas y más países representados”.
Esa participación se tradujo en actividad comercial concreta. Durante el evento se realizaron más de 8,000 citas de negocios confirmadas, en jornadas que, según Lendor, estuvieron marcadas por “muchísimo dinamismo”. La cifra posiciona al DATE como un punto de articulación clave para la comercialización del destino en mercados internacionales.
Sin embargo, el contenido del evento evidenció que el sector turístico está mirando más allá de la captación de visitantes. Uno de los temas centrales fue el cambio en el perfil del turista, una variable que comienza a redefinir la estrategia del destino.
“Cada vez más quienes visitan República Dominicana son adultos entre 40 y 60 años”, explicó Lendor, al destacar la importancia de “conocer a tu turista” para adaptar la oferta. Este segmento, con mayor capacidad de gasto y expectativas específicas, obliga a diseñar experiencias más segmentadas, tanto en términos de seguridad como de servicios.
El análisis del comportamiento del visitante también apunta a la expansión de nichos específicos. En ese contexto, el turismo deportivo emerge como uno de los segmentos en crecimiento. “Hay un 12% de los visitantes que están llegando por turismo deportivo”, indicó Lendor, subrayando que este tipo de turista suele viajar acompañado, lo que amplía el impacto económico.
Este cambio en la demanda se conecta directamente con la necesidad de diversificar la oferta turística. La estrategia del sector ya no se limita a los polos tradicionales, sino que incorpora nuevas experiencias y productos que respondan a intereses específicos.
En esa línea, la gastronomía se posiciona como un componente clave. “La gastronomía es transversal”, afirmó Lendor, al explicar que la experiencia culinaria se ha convertido en un elemento central del viaje. Iniciativas como el mes del turismo gastronómico y eventos asociados buscan consolidar este segmento como parte integral del destino.
El evento también sirvió como plataforma para discutir tendencias globales que impactan al sector. La participación del economista José Luis De Ramón permitió contextualizar el turismo dentro de un entorno internacional marcado por la incertidumbre, mientras que el análisis del perfil del viajero aportó datos clave para la toma de decisiones.
A esto se sumó la discusión sobre tecnología, particularmente el uso de inteligencia artificial. No obstante, el sector mantiene una posición clara sobre su rol. “El valor diferencial está en nuestro personal”, sostuvo Lendor, al señalar que, aunque la tecnología puede optimizar procesos, la experiencia del visitante sigue dependiendo del contacto humano.
“Al final, el trato es esa diferencia por la que el turista va a regresar”, agregó.
Este enfoque conecta con uno de los principales retos estructurales del sector: la formación. En un contexto de diversificación, la capacitación del recurso humano se convierte en un factor crítico.
“Para nosotros seguir creciendo es importante hacerlo en una estructura… es educarnos”, planteó Lendor. En esa dirección, el sector ha iniciado una articulación con universidades y entidades públicas para adaptar los programas formativos a las nuevas demandas del mercado.
Este proceso incluye capacitación técnica, pasantías y actualización de contenidos, con el objetivo de preparar talento en áreas específicas como turismo deportivo, de salud o de entretenimiento.
En paralelo, el crecimiento de la infraestructura turística se mantiene como un pilar del sector. Actualmente, el país cuenta con casi 90,000 habitaciones hoteleras, con una proyección de 9,000 adicionales en los próximos años.
Este desarrollo está respaldado por la inversión extranjera, que representa cerca del 30% de la inversión total que recibe el país, lo que confirma el peso del turismo en la economía dominicana.
No obstante, el discurso del sector apunta a equilibrar ese crecimiento con calidad. “Si bien es importante crecer en habitaciones… lo más importante es educarnos y apostar a la diversificación”, enfatizó Lendor.
El turismo también se proyecta como una herramienta de inclusión económica. Programas impulsados por el sector han permitido la incorporación de jóvenes y mujeres en condiciones de vulnerabilidad al mercado laboral.
“Creemos que el turismo es para todos”, afirmó Lendor, al referirse a iniciativas que ya han integrado a personas en áreas operativas de hoteles y restaurantes, generando cambios en sus condiciones de vida.
Asimismo, se han desarrollado proyectos de encadenamiento productivo con comunidades agrícolas cercanas a los polos turísticos. Bajo un modelo de “kilómetro cero”, el sector busca conectar la producción local con la demanda hotelera, ampliando el impacto económico en las comunidades.
El componente ambiental también forma parte de la agenda. El sector ha avanzado en la reducción de plásticos de un solo uso y en prácticas de sostenibilidad, aunque reconoce desafíos regulatorios.
En ese sentido, Lendor planteó la necesidad de revisar la normativa vigente. “La ley de residuos sólidos es fundamental… pero necesitamos que se revise”, señaló, al advertir que la sostenibilidad del crecimiento turístico depende de un marco que permita mejorar la gestión de residuos y fomentar la valorización.












