Un informe presentado esta semana por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) confirma lo que muchos sospechaban: el cumplimiento de la Agenda 2030 no solo está lejos, sino que está empeorando. Solo el 19% de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se alcanzarán en la región para 2030. El año pasado la proyección era del 23%. En cuatro años del plazo final, América Latina retrocede.
El 39% de las metas está estancado o en franco retroceso. El 42% avanza, pero a un ritmo que nunca llegará a destino. El gráfico de la Cepal lo muestra con una claridad incómoda: el rojo y el amarillo dominan la tabla. El verde, la excepción.
Ante este panorama, me hice la pregunta que creo obligada: ¿cuál es, entonces, la agenda global que sí se está cumpliendo? Porque el fracaso de los ODS no es descuido ni mala suerte. Es, en buena parte, el resultado de un desplazamiento de interés hacia lo que llamaré la Agenda Silenciosa.
La Agenda Silenciosa no tiene sede en Nueva York ni declaraciones de principios. Pero tiene coherencia, financiamiento y resultados. Sus indicadores son otros: el gasto militar global superó los 2.4 billones de dólares en 2024, récord histórico. Los diez hombres más ricos del planeta duplicaron sus fortunas durante la pandemia, mientras el ODS 10 pedía reducir desigualdades. Los subsidios globales a combustibles fósiles llegaron a siete billones de dólares en 2023, el mismo año en que el ODS 13 exigía acción climática urgente.
No es casualidad. Es elección
En educación, el contraste es igualmente revelador. El ODS 4 pide educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos. La CEPAL señala que solo la meta 4.5 tiene probabilidades reales de cumplirse. El resto del tablero educativo permanece en amarillo o rojo. Mientras tanto, las plataformas digitales que monetizan la atención de niños y jóvenes expanden su mercado sin regulación. El credencialismo vacío prolifera. Y los sistemas de desinformación más sofisticados de la historia operan con total libertad económica.
Para República Dominicana, el desafío es doble. A nivel global, el país integra una región que pierde terreno en la agenda del desarrollo. A nivel interno, el presupuesto educativo lleva más de una década sin alcanzar el 4% del PIB mandatado por ley, y las proyecciones oficiales estiman que seguirá así hasta 2029. El debate sobre la fusión MINERD-MESCyT consume energía institucional que podría orientarse a lo que realmente importa: mejorar los aprendizajes, retener a los estudiantes y formar maestros con condiciones dignas.
Nombrar la Agenda Silenciosa no es cinismo. Es la condición mínima para actuar. La pregunta que sigue es simple y urgente: ¿en cuál de las dos agendas estamos invirtiendo nuestras decisiones de política pública?
Fuente citada: CEPAL (2026). Agenda 2030 en América Latina y el Caribe: ¿Cómo acelerar el paso hacia su cumplimiento en la nueva era de incertidumbre y fragmentación geopolítica? Disponible en: foroalc2030.cepal.org







