La demanda en Latinoamérica de trabajadores de cuidados, incluidos sanitarios, asistentes a domicilio o monitores infantiles, aumentará de los 7.5 millones de 2023 a 15.2 millones en 2050, destaca un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre necesidades de formación laboral.
A nivel global, la demanda en ese sector pasará en un cuarto de siglo de 85 a 158 millones, con especiales aumentos en Asia: de 26 a 45 millones en Asia Oriental, y de 13 a 31 millones en el sur de ese continente.
En menor medida crecerá la demanda en regiones con poblaciones ya envejecidas en la actualidad, como Europa Occidental (de 10 millones en 2023 a 13 millones en 2050) o Norteamérica (de 7.7 a casi 12 millones), mientras que en el África subsahariana se pasará de los 4 a los 10 millones.
El informe advierte de que los trabajadores de este sector “siguen enfrentando malas condiciones laborales, lo que pone de relieve que esas competencias en sectores esenciales para la sociedad suelen estar infravaloradas y mal remuneradas”.
De modo más amplio, el estudio de la OIT analiza cómo los cambios demográficos, la digitalización (con los retos que plantea la inteligencia artificial) y la transición ecológica influyen en la necesidad de formación, y concluye que serán necesarios sistemas de aprendizaje sólidos e inclusivos para responder a estos retos.
La organización advierte que en la actualidad sólo el 16% de las personas entre 15 y 64 años entrevistadas para el estudio participó en formación estructurada en los 12 meses previos a la encuesta, aunque el porcentaje es mucho mayor, del 51%, en trabajadores a tiempo completo con contrato permanente en empresas formales.
En América Latina la media de personas en formación es similar a la global, del 15.6%, aunque la tasa es mucho mayor en los trabajadores a tiempo completo, del 61.3%, lo que puede acentuar las desigualdades.
La brecha, subraya OIT, “evidencia desigualdades en el acceso al aprendizaje, especialmente entre trabajadores formales e informales y según los niveles educativos”.
En este sentido, la organización recuerda que América Latina es una de los regiones con mayor porcentaje de empleo informal sobre el total, del 47%, tasa que puede llegar incluso al 80% en economías como la boliviana.
La informalidad, subraya la OIT, “reduce las posibilidades de los trabajadores a la hora de participar en educación y formación de calidad, y de desarrollar sus capacidades”.
OIT alerta en el estudio que, sin una mayor inversión en sistemas de aprendizaje que incluyan a todos, las transformaciones tecnológicas, demográficas y medioambientales amenazan con ampliar las desigualdades de los trabajadores, dentro de un mismo país o en comparación con otros mercados laborales.
“El aprendizaje permanente es el puente entre los empleos de hoy y las oportunidades del mañana”, resumió al presentarse el informe el director general de la OIT, Gilbert Houngbo.
Queda mucho por hacer, indica la OIT, cuando incluso en los países de ingresos altos la tercera parte de las economías dedica menos del 1% de sus presupuestos públicos a programas de educación para adultos.
En los países de bajos ingresos esa falta de inversión se extiende a casi dos tercios de las economías.












