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Huawei saca las garras ante las sanciones de Washington

El gigante tecnológico demuestra resiliencia tras sanciones de Estados Unidos

Jairon SeverinoPorJairon Severino
4 June, 2026
en Reportajes, Tecnología
La gigante china Huawei ha logrado superar las sanciones con el desarrollo de nuevos negocios.

La gigante china Huawei ha logrado superar las sanciones con el desarrollo de nuevos negocios.

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La gigante tecnológica Huawei lanzó seis nuevos productos al mercado: una tableta de sólo 4.7 milímetros de grosor, la más delgada del mundo; un teléfono inteligente, el Nova 15 Max, resistente a caídas diarias, equipado con pantalla OLED y con batería de 8,500 miliamperios/hora (mAh); y cuatro relojes inteligentes, diseñados para diferentes públicos, incluido el Ultimate Design para dama, de ultra lujo con 99 diamantes incrustados, que podría costar hasta US$4,500.

El acontecimiento parece no tener mayor trascendencia de lo meramente comercial. Lo que sí está lo suficientemente claro es que su calidad, innovación y seguridad no están en discusión. Huawei es hoy un jugador de primer orden en la industria tecnológica global, posiblemente generadora de estrés en competidores occidentales que han tenido la hegemonía del mercado gracias a la capacidad de tomar decisiones de sus gobiernos.

Sin embargo, el lanzamiento de seis productos o dispositivos tecnológicos cobra una connotación diferente cuando entra en juego la nacionalidad de la empresa Huawei, fundada en China en 1987 por Ren Zhengfei, tras haber sido obligado a dejar el Ejército Popular de Liberación luego de una gran reducción de personal.

Con apenas 21,000 yuanes (alrededor de US$3,000), inició la empresa como un pequeño distribuidor de equipos de telecomunicaciones, motivado por la necesidad de independencia tecnológica de China. Sus resultados financieros de hoy no tienen nada que ver con sus inicios. Según cifras oficiales, Huawei, que no cotiza en bolsa, alcanzó ingresos por alrededor de US$122,000 millones en 2025 y beneficios netos por US$9.4 millones.

Huawei apuesta por una mercado diverso en cuanto a la demanda de dispositivos tecnológicos.

Este año, su división de vehículos se convirtió en la más rentable del grupo. La empresa está presente en 170 países. Durante el ejercicio pasado invirtió en investigación y desarrollo (I+D) US$27,000 millones, un 21.8% de sus ingresos. Cuenta con más de 207,000 empleados en todo el mundo.

Un artículo escrito por Luis Alejandro Amaya, en el sitio swissinfo.ch, refiere que Huawei es uno de los primeros blancos de Washington en una disputa comercial que comenzó durante el primer mandato del presidente Donald Trump (2017-2021), y que hoy tiene a América Latina como uno de sus escenarios clave.

Indica que mucho antes de los aranceles del 34% impuestos por Estados Unidos a China el pasado 2 de abril, que en días posteriores escalaron hasta el 145%, ya se había desatado una ‘guerra comercial’ entre Washington y Beijin.

El golpe contundente fue en 2018. La reseña explica que Trump prohibió el uso de dispositivos de Huawei y de otras empresas chinas, como ZTE e Hytera, en dependencias gubernamentales. Un año después, el Gobierno estadounidense la acusó de fraude y de violar las sanciones internacionales contra Irán, e incluyó a la compañía en la lista negra comercial (Entity List) del Departamento de Comercio, por considerarla una amenaza a la seguridad nacional.

De hecho, hace tiempo que Washington sospecha que la compañía podría facilitar espionaje a favor del Gobierno chino, debido a la supuesta relación entre la empresa y el Partido Comunista de China.

El artículo de swissinfo.ch explica que las sanciones impuestas por la Administración Trump prohibieron a las empresas estadounidenses hacer negocios con Huawei. Como consecuencia de ello, compañías como Google, Intel o Microsoft cortaron lazos o restringieron el acceso a servicios esenciales, como el sistema operativo Android, lo que impactó directamente en su presencia en mercados como América Latina.

Los relojes dominaron este lanzamiento de Huawei.

A propósito de estas sanciones, la publicación destaca que el caso más reciente es una investigación abierta a finales del pasado de marzo por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), que sospecha que Huawei y otras compañías tecnológicas chinas están operando en territorio estadounidense violando las restricciones previamente impuestas por motivos de seguridad nacional.

Es justo por la historia y obstáculos que ha tenido que saltar Huawei lo que convierte su trayectoria (de altas y bajas) en un tema de interés desde diversos enfoques. Desde el punto de vista geoestratégico, esta empresa se ha convertido, junto a otras que han ganado renombre global, en una marca país que eleva el orgullo y demuestra la capacidad de resiliencia de los chinos.

Sólo basta con recordar que la industria automotriz china, que hoy lidera un segmento tan importante a través de los vehículos eléctricos, comenzó en los años 50 con apoyo soviético. Por supuesto, luego se transformó radicalmente a partir de las reformas de 1978, impulsadas por Deng Xiaoping, cuando el país usó un modelo de “mercado a cambio de tecnología”.

Fue cuando permitía a multinacionales acceder al enorme mercado chino a cambio de transferir conocimiento y formar empresas conjuntas con socios locales. Este mecanismo fue clave para que China pasara de ser importador a líder mundial en producción y exportación de vehículos.

Las primeras multinacionales que aceptaron la política de “mercado a cambio de tecnología” fueron Volkswagen con SAIC y Peugeot con Dongfeng, entre otras que posteriormente vieron las ventajas de un mercado de más de 1,000 millones de potenciales consumidores. Se establecieron joint ventures con límite del 50% de participación extranjera.

Hoy que una empresa como Huawei invita a periodistas de todo el mundo al lanzamiento de nuevos productos, en este caso seis al mismo tiempo, sólo demuestra una cosa: China estaba esperando su momento. Para nadie es un secreto que su economía es esencialmente exportadora, a pesar de lo gigante que es el mercado interno. Lo es porque se ha constituido en una fuerza laboral competitividad en términos de costos, calidad y capacidad de innovación.

No está en discusión que la competencia comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China es un hecho. No es un tema nuevo. La paciencia de los chinos es una característica reconocida históricamente, pues se toman su tiempo, el que sea necesario, para alcanzar sus objetivos. No importa si ha de ser años o siglos, pero los chinos han marcado su ruta: su objetivo está enfocado en ser la primera potencia económica, tecnológica y militar del mundo.

Lo que no está claro es si su competencia, Estados Unidos, estaría dispuesto a ceder su posición. Los últimos movimientos de ambos actores han sido estratégicos y apuntan al pragmatismo y a entenderse. Al recibir a su homólogo estadounidense, Donald Trump, el presidente chino Xi Jinpin le planteó la Trampa de Tucídides, diciéndole de frente que a ambos les conviene ponerse de acuerdo para dar lo mejor sí en favor del mundo.

Es justo esa competencia en el campo del conocimiento lo que está demostrando que China está “jugando en serio”. Tras ser el primer país en alunizar en la cara oculta de la luna, dejó claro que tiene un plan que puso en marcha quizá hace mucho tiempo, posiblemente desde la llamada Guerra Fría librada entre Rusia y Estados Unidos y en la que China era solo una espectadora porque su realidad no le permitía más que ver el juego desde las gradas. Hoy es diferente: El gigante asiático no solo es grande en tamaño, sino en desarrollo económico, tecnológico y militar.

Las empresas chinas son hoy una carta fiel de presentación de lo que China ha ido logrando desde que Deng Xia Ping entendió que el modelo económico no podía seguir centralizado en el Estado, pues se requería de una apertura a la inversión extranjera y de capital suficiente para generar valor agregado y empleos en un mercado laboral gigante.

Garantizar la paz social dependía no sólo del control político, sino de ofrecer oportunidades a sus ciudadanos de innovar, emprender y creer en su potencial. Una cosa es la política, que conecta con el control del Estado, y otra es la economía, que requiere de libertades e impulso al esfuerzo particular para generar una dinámica productiva capaz de absorber la masa laboral. El tiempo le dio la razón a esa decisión de abrirse al modelo económico capitalista, aunque manteniendo la hegemonía política.

Además de las buenas nuevas que hoy se conocen de China en cuando a su desarrollo económico y tecnológico, como es el éxito bien ganado de Huawei, la gran nación asiática enfrenta retos significativos en materia de derechos humanos, incluyendo críticas internacionales por restricciones a la libertad de expresión, el trato a minorías étnicas como los uigures en Xinjiang, el control sobre Hong Kong, excolonia inglesa, y el uso de tecnologías de vigilancia masiva, entre otros métodos de control.

La MatePad Pro Max generó expectativas positivas

China promueve un modelo de control estatal sobre internet, en contraste con estándares internacionales de libertad digital. Sin embargo, más allá de los retos pendientes, China ha implementado un modelo que le ha permitido estar en paz y aprovechando el tiempo en lo que realmente importa: el bienestar de su población.

Es prácticamente improbable que se repitan las protestas en la Plaza de Tiananmén, de 1989, un movimiento masivo de estudiantes, intelectuales y trabajadores que pedían reformas políticas, mayor libertad de expresión y medidas contra la corrupción. Aún no hay un consenso en cuanto a la cantidad de fallecidos tras la entrada del ejército.

Si lo económico funciona, lo político importa menos. La estabilidad social es el resultado de que estas dos variables: economía y política estén estables también y generen certidumbre. Mientras haya empleos y libertad para emprender, lo demás es lo demás.

Recientemente China padeció la crisis de Evergrande, cuya liquidación judicial terminó en 2024 y aún sigue generando repercusiones en 2026.

Aunque el gobierno chino no realizó un “rescate directo” multimillonario como en otros países, sino que optó por medidas de apoyo al sistema financiero y a compradores de viviendas, Evergrande acumuló más de US$300,000 millones en pasivos, y hoy sus liquidadores buscan recuperar activos y responsabilizar a auditores como PwC. El fundador Xu Jiayin se declaró culpable de fraude y soborno en abril de 2026.

Para un analista casual, en cuanto a las lecciones de innovación y resiliencia que hoy muestra Huawei, se trataría simplemente de una multinacional de tecnología atrapada en el fuego cruzado de una disputa arancelaria. Sin embargo, para el observador estratégico, la firma fundada por Zhengfei representa el microcosmos más preciso de la gran transición de poder que vive la economía global.

La trayectoria de Huawei, partiendo de sus resultados y éxitos en diversas áreas, es el espejo idéntico del milagro económico, la doctrina de fusión civil-militar y la inquebrantable paciencia histórica del Estado chino. Analizar el asedio, la caída aparente y el posterior resurgimiento de esta corporación permite comprender cómo Beijing ha sabido esperar su momento histórico, desafiando las reglas del libre mercado occidental para imponer una nueva gramática de soberanía industrial.

Ingeniería inversa

Sí hay constancias de que el ascenso de Huawei, a pesar de los traspiés y las sanciones impuestas por Estados Unidos, evoca con fidelidad las etapas del desarrollo macroeconómico de la China moderna. Nacida en el corazón de la Zona Económica Especial de Shenzhen, la empresa comenzó operando en los márgenes de la cadena de valor, importando y aplicando ingeniería inversa a interruptores telefónicos básicos.

Por supuesto, era la China de mano de obra barata y manufactura de baja calidad. No obstante, mientras Occidente subestimaba la capacidad de absorción tecnológica del gigante asiático, Beijing y Huawei ejecutaban una estrategia de largo plazo. Sólo hay que apuntar a los resultados para verificarlo.

Apalancada en lo que podría denominarse capitalismo de Estado, Huawei sustituyó la exigencia occidental de rendimientos financieros trimestrales por la acumulación de patentes y la inversión masiva en I+D, destino al que asigna históricamente más del 20% de sus ingresos anuales.

El resultado ha sido convincente: la cúspide tecnológica global, pues ocupa algunos de los primeros lugares en los dominados mercados emergentes del Sur Global mediante precios sumamente competitivos, luego desplazando a titanes europeos de la infraestructura de telecomunicaciones como Ericsson y Nokia y, finalmente, desafiando el duopolio de Apple y Samsung en el mercado de la telefonía premium.

En todo caso, el punto de ruptura se alcanzó con el despliegue del 5G. Al convertirse en el líder indiscutible del “sistema nervioso” de la economía digital del futuro, Huawei encendió las alarmas en Washington. El Pentágono y el Departamento de Comercio estadounidense comprendieron que la supremacía del mañana no dependería únicamente de los portaaviones, sino de quién controlará las redes por donde transitan los datos, la propiedad intelectual y la inteligencia artificial del planeta.

Para muestra, un botón. La inclusión de Huawei en la Entity List de la Casa Blanca en 2019, que prohibió el acceso de la firma a los componentes, patentes y software de origen estadounidense, fue diseñada como un golpe quirúrgico de muerte. Al privar a Huawei de los servicios de Google y de la fundición de microchips avanzados en Taiwán, Washington buscaba enviar un mensaje contundente al Politburó chino: la innovación global seguía dependiendo del permiso americano.

No obstante, esta estrategia subestimó la resiliencia sistémica de la economía china. Lejos de desmantelar a la compañía, el bloqueo estadounidense operó como el mayor catalizador de soberanía tecnológica en la historia de Asia. El lanzamiento del procesador Kirin de 7 nanómetros y la consolidación definitiva de HarmonyOS, con todo y las demandas, un sistema operativo nativo que ha roto amarras con el ecosistema Android de Google, demostraron que la masa crítica industrial de China ha alcanzado un punto de no retorno.

Los reportes de analistas y medios especializados destacan que los llamados “grandes fondos” del Estado chino salieron al rescate del sector de los semiconductores, unificando la cadena de suministro local bajo una consigna de seguridad nacional. Por supuesto, no se puede negar que ha costado el sacrificio de otros en el camino.

Este fenómeno evidencia la efectividad de la paciencia estratégica de Beijing. China demostró estar dispuesta a absorber pérdidas multimillonarias a corto plazo con tal de edificar una infraestructura tecnológica que ningún decreto extranjero pueda apagar. El silicio se ha convertido en el nuevo petróleo, y Huawei ha demostrado que el monopolio de Occidente sobre este recurso estratégico ha llegado a su fin.

En todo caso, la analogía de Huawei como la punta del iceberg de la potencia industrial china cobra fuerza al observar su rápida metamorfosis. Bloqueada en importantes mercados occidentales, la corporación no se replegó; se diversificó horizontalmente hacia las industrias críticas que definirán el equilibrio geopolítico de las próximas décadas, actuando en perfecta sintonía con las prioridades nacionales del plan “Hecho en China”.

Es un secreto a voces que, mediante su división Digital Power, colidera la transición energética global a través del desarrollo de inversores solares inteligentes y sistemas avanzados de almacenamiento de energía. En el sector automotriz, una industria tradicionalmente dominada por Europa, Japón y Estados Unidos, Huawei ha irrumpido no como fabricante de automóviles, sino como la mente detrás de ellos.

Su plataforma de software, sensores y conducción autónoma impulsa a la nueva generación de vehículos eléctricos chinos, un sector donde el país asiático ya controla de manera monopólica la refinación de materias primas y la producción de baterías.

Tomando como referente lo que Huawei deja ver, esta diversificación muestra a una China que dejó de ser la “fábrica del mundo” para convertirse en el laboratorio y el centro de diseño del siglo XXI.

Dispositivos

A principios de mayo de 2026, Huawei presentó la serie Huawei Watch FIT 5, un dispositivo que combina funciones de salud y fitness de vanguardia con un diseño estilizado. Promete ser el compañero de muñeca perfecto para expresar estilo, explorar el fitness y monitorear la salud las 24 horas del día.

La serie Huawei Watch FIT viene en cinco tonos: plata, morado, blanco, negro y verde. La versión Pro llama la atención en naranja, blanco y negro. Presenta un diseño de relleno de aceite que sella colores llamativos. La edición White Pro va más allá con metal nanocerámico de grado aeroespacial para ofrecer una textura premium y mayor durabilidad.

La experiencia de la pantalla ha sido completamente renovada. El Huawei Watch FIT 5 cuenta con una pantalla de 1.82 pulgadas, mientras que el Huawei Watch FIT 5 Pro eleva la experiencia con una pantalla de 1.92 pulgadas enmarcada por bordes negros ultradegados de 1.8 mm. Con un brillo máximo de 3,000 nits, la pantalla de la edición Pro se mantiene sumamente nítida, incluso bajo la luz solar directa.

La empresa explica que, para los entusiastas del aire libre, la serie Huawei Watch FIT 5 es un compañero de confianza. Detecta automáticamente cuándo andas en bicicleta y muestra la potencia virtual y la cadencia en tiempo real, ayudando a comprender mejor el rendimiento.

El modo de carrera de montaña (Trail Run) ofrece navegación basada en segmentos, tendencias de elevación y tiempo estimado de llegada, para que puedas navegar por terrenos complejos con confianza. Los golfistas tienen acceso a mapas vectoriales de más de 17,000 campos a nivel mundial, con la vista del pasto girando automáticamente para coincidir con tu línea de visión y lograr un análisis preciso del swing.

Garantiza que la serie Huawei Watch FIT 5 pasa del seguimiento pasivo de la salud a la prevención proactiva, con un enfoque en la salud cardiovascular y femenina. La edición Pro incluye alertas de fibrilación auricular y latidos prematuros basadas en ondas de pulso, una aplicación de ECG, detección de rigidez arterial y el Estudio de Riesgo de Diabetes, lo que permite la detección temprana e intervención.

La serie Huawei Watch FIT 5 cuenta con una batería de alto contenido de silicio, que ofrece hasta 10 días de duración con un uso ligero y siete días con un uso regular.

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Jairon Severino

Jairon Severino

Periodista. Director-fundador del Periódico elDinero. Egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Fue editor de Economía & Negocios del periódico Listín Diario. Maestría en Liderazgo Organizacional, por Humboldt International University, Miami, EE UU; Habilitación Docente, en UTE, y diplomado en Periodismo Económico por el Banco Central y la Universidad Católica de Santo Domingo (UCSD).

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