El ambicioso proyecto egipcio Nuevo Delta pretende convertir más de 900,000 hectáreas de desierto al oeste de El Cairo en tierra cultivable, para así “establecer un sistema (de producción) más sostenible y eficiente” que refuerce la seguridad alimentaria del país y reduzca su dependencia de las importaciones.
La Autoridad para el Desarrollo Sostenible ‘Future of Egypt’, agencia gubernamental encargada del proyecto del Nuevo Delta, estima el presupuesto de la iniciativa en unos US$15,000 millones.
Las autoridades de esa entidad subrayaron durante una visita de prensa a las oficinas centrales del proyecto la posibilidad de crear “más de 10,000 empleos directos y cerca de 360,000 empleos indirectos”, asociados a la expansión agrícola, pero también al establecimiento de “comunidades urbanas sostenibles y productivas” en el territorio.
La región desértica en la que se desarrolla el plan recibe cada día “unos 10 millones de metros cúbicos de agua superficial (del Nilo)” sumados a “7.5 millones de metros cúbicos de agua de drenaje agrícola y origen subterráneo”.
Según ‘Future of Egypt’, estos recursos se emplean “buscando racionalizar el consumo de agua” y con respeto a “la normativa de sostenibilidad y preservación de los acuíferos”.
Sin embargo, el relator especial de Naciones Unidas para los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, Pedro Arrojo, ya advirtió en febrero de este año de “los serios riesgos medioambientales” que conllevan los “proyectos de irrigación en el desierto” en la región del delta del Nilo.
En la actualidad, el agua utilizada se distribuye por la región gracias a las distintas estaciones de bombeo, en especial la estación ‘Nabaa’, que sirve como “centro neurálgico” con una capacidad para bombear “hasta 9.75 millones de metros cúbicos de agua al día”.
El proyecto también contempla la creación de una ciudad industrial destinada al procesamiento de productos agrícolas y de un centro de comercio orientado al almacenamiento, la clasificación, el empaquetado y la comercialización de mercancías agroalimentarias.
En concreto, la Autoridad para el Desarrollo Sostenible hizo especial hincapié en su interés por impulsar el cultivo de trigo, al que consideró “piedra angular de la seguridad alimentaria” y de la autosuficiencia frente a “desafíos mundiales”, como los distintos conflictos internacionales que hacen fluctuar el precio de exportación del cereal.
Además, recordó que están poniéndose en marcha criaderos para ganado vacuno en la zona, con el objetivo de que la cercanía a las producciones agrícolas permita “reforzar la eficiencia del sistema de alimentación” de los animales.
En los últimos años, la vulnerabilidad alimentaria de Egipto ha quedado muy expuesta por su fuerte dependencia exterior, ya que es el mayor importador de trigo del mundo, en un país donde el pan subvencionado es esencial para decenas de millones de personas.
Además de problemas de suministros vinculados con la guerra en Ucrania, el país norteafricano también a afrontado problemas de escasez de divisas y devaluación de la moneda local, que ha dificultado el pago de las importaciones y disparado la inflación en los productos alimentarios.
Los esfuerzos gubernamentales para abordar esta crisis chocan además con otros problemas estructurales como la superpoblación (alrededor de 110 millones de habitantes), la construcción sobre tierras agrícolas y el aumento del consumo, que dificultan alcanzar la autosuficiencia.













