En un comentario reciente de mi último artículo sobre la protección al inversionista, George A. Nader, empresario dominicano del sector inmobiliario y turístico, sintetizó en cuatro palabras lo que la teoría económica tarda páginas en explicar: “el capital compra incertidumbre resuelta.” No es una metáfora. Es un mecanismo que opera con igual precisión en el inversionista institucional que evalúa un proyecto de infraestructura y en el ahorrante que suscribe su primer instrumento financiero.
La pregunta que ese mecanismo plantea para el mercado dominicano es directa: ¿cuánta incertidumbre estamos resolviendo antes de que el capital tome su decisión? Los números tienen una respuesta. Pero es más matizada de lo que parece.
Un récord con letra pequeña
El récord es real y tiene una explicación clara. República Dominicana recibió USD 5,032.3 millones en inversión extranjera directa (IED) al cierre de 2025, según el Banco Central, con un crecimiento de 11.3% respecto al año anterior. Y según el informe más reciente de la UNCTAD, disponible sobre datos de 2024, el país ya lideraba por tercer año consecutivo la captación de IED en el Caribe, incluso en un contexto global donde los flujos cayeron 11%. Esa trayectoria no es casualidad: es la consecuencia directa de haber resuelto la incertidumbre macroeconómica.
La estabilidad de precios, la consolidación fiscal y el fortalecimiento institucional convirtieron información que antes era opaca en información verificable por cualquier inversionista. El mercado paga por esa certeza: según análisis de UBS, República Dominicana se financia más barato que la mayoría de los países con su mismo nivel de riesgo, lo que se traduce en menores tasas de interés sobre su deuda pública.
Pero el Informe sobre el Clima de Inversión 2024 de la Embajada de Estados Unidos identifica el capítulo incompleto: inversionistas extranjeros reportan sistemáticamente la falta de reglas claras y su aplicación inconsistente. Esa incertidumbre tiene un costo directo: primas de riesgo más altas, plazos más cortos, y capital que va a donde las reglas son más predecibles.
El mecanismo detrás del capital
George Akerlof demostró en 1970 —trabajo que le valió el Premio Nobel de Economía— que cuando el vendedor sabe más que el comprador sobre lo que está vendiendo, el mercado se distorsiona para todos: el comprador paga más de lo que debería, el vendedor serio pierde frente al que oculta información, y el mercado termina contrayéndose. Quien no puede verificar lo que compra exige un descuento por la duda —y esa duda siempre tiene un costo.
Tres escalas, una misma lógica
Ese mecanismo ya lo vimos a escala macroeconómica. Opera igual a escala sectorial y de instrumento financiero.
A escala sectorial, el turismo y las zonas francas ilustran el modelo en su mejor versión. Pero es importante precisar por qué: no porque la asimetría de información desapareciera sola, sino porque el Estado la resolvió deliberadamente. La Ley de Fomento Turístico y el régimen de zonas francas no son solo incentivos fiscales —son mecanismos de resolución de incertidumbre: le dicen al inversionista qué exenciones recibirá, por cuánto tiempo y ante qué organismo, con criterios públicos y predecibles. El turismo recibió USD 647.7 millones de IED en 2025, según datos oficiales, y las zonas francas han atraído capital manufacturero durante décadas. La lección no es esperar a que la asimetría desaparezca —es diseñar instituciones que la resuelvan.
La minería ilustra la otra cara. El sector recibió USD 420.6 millones de IED —crecimiento de 440% interanual—, pero ese capital llegó principalmente a proyectos establecidos como Barrick Pueblo Viejo. Los proyectos nuevos de exploración esperan autorización porque el proceso de licenciamiento no está estandarizado. Representantes del sector, en foros con la Embajada de Canadá y la Cámara Minera, han identificado esos retrasos como pérdida de oportunidades concretas. No es falta de interés: es incertidumbre no resuelta.
A escala de instrumento financiero, el principio es idéntico. Un instrumento cuyo rendimiento depende de condiciones que el inversionista no controla —el comportamiento de un índice en un día específico, el tipo de cambio al vencimiento, la imposibilidad de salir antes de tiempo— tiene un nivel de complejidad que el inversionista necesita comprender antes de comprometer su capital. Cuando el material que recibe y el documento que aprobó el regulador no cuentan la misma historia, la incertidumbre no desaparece. Se desplaza al momento del vencimiento.
Lo que la brecha le cuesta al mercado
Esa brecha le cuesta al mercado en dos dimensiones. La financiera: el inversionista asume más riesgo del que comprende, y lo que el país logró —financiarse más barato, atraer más capital— puede deshacerse instrumento por instrumento.
La productiva: cuando el capital se concentra donde la incertidumbre ya está resuelta, el dinero que entra no circula con la misma intensidad por la economía local —gran parte sale en pagos a proveedores externos o ganancias repatriadas al exterior. El resultado es desarrollo concentrado: Punta Cana crece mientras otras provincias no. La asimetría de información no produce solo menos inversión: produce inversión mal distribuida.
La solución está disponible hoy
La SIMV ha fortalecido su marco regulatorio de forma considerable en los últimos años —registro más riguroso, calificadoras con estándares internacionales, prospectos más detallados—. La brecha que queda es específica: la consistencia entre el material de comunicación y el prospecto aprobado. Para los emisores, cerrarla no es un costo —es una inversión en reducir el costo de captación. La UE, Colombia, Chile y Perú ya lo formalizaron, y el mercado dominicano tiene la misma oportunidad: la Ley 249-17 ya le da a la SIMV la potestad de emitir las normas necesarias sin nueva legislación.
El capital compra incertidumbre resuelta. La economía dominicana lo ha demostrado a escala macroeconómica con una década de crecimiento sostenido y spreads soberanos en mínimos regionales. Lo ha demostrado a escala sectorial con un modelo turístico y de zonas francas que atrae capital porque las reglas son predecibles.
El siguiente paso es demostrarlo a escala de instrumento financiero —donde la información verificable todavía no llega antes de la firma. Esa es la incertidumbre que falta resolver. Y, a diferencia de muchos otros problemas económicos, esta tiene solución concreta, al alcance del regulador, disponible hoy.











