[dropcap]P[/dropcap]or años, por muchísimos años, el tránsito ha sido un dolor de cabeza para quienes se mueven en las principales ciudades dominicanas. Santo Domingo (la provincia y el Distrito Nacional) es la radiografía perfecta para saber cuál es la realidad que se sufre día a día. Un trayecto que puede recorrerse perfectamente en 15 minutos te puede tomar una hora y a veces más.
Sin embargo, ante esta cruda y agria realidad sería bueno preguntarse dónde es que realmente está el tapón. ¿Puede alguien identificar el lugar exacto donde se inicia el tapón, este caos infinito y desesperante del tránsito? ¿Puede un mortal de los que a diario toman un vehículo del transporte público decir dónde está el principio y el fin?
De mi parte me atrevo a decir que el tapón no está en ninguna de las calles de las principales ciudades dominicanas. Estoy todas las veces del mundo seguro que no está en ninguna de las calles de la capital, ni Santo Domingo, ni Santiago, ni San Cristóbal y menos en San Francisco de Macorís. No está en ninguno de esos lugares. La peor obstrucción está en el cerebro de quienes lideran las instituciones del Estado encargadas de la regulación.
Todos los que han pasado por las entidades han fracasado. ¿Cómo lo sé? Salga a la calle y verá la respuesta.
La pregunta ahora es la siguiente: ¿Cómo extraer ese tapón? Este es el punto. Probablemente habrá que aplicar medidas “impopulares”, que no son tales porque sean malas o no beneficien a la población, sino porque estarán fuera del alcance la razón de quienes están acostumbrados al caos, al desorden mayúsculo que forma parte de nuestras vidas.
Por algún lado habrá que comenzar. Imagínese usted: ahora le impondrán multas a los peatones porque también causan caos. ¿Cómo? Si alguien toma un vehículo del transporte público donde no se debe, cruza la calle por el lugar equivocado, camina sobre la calle y cualquier otra acción que pueda ser interpretada como errada. Sin duda, es un salto cuántico al que estará sometida la población.










