Fabio Antonio Betances ya ha vivido 75 inviernos desde su primer llanto. Sus manos firmes, aunque cansadas, todavía trabajan la madera y el larimar, dos materiales que han acompañado su vida desde la juventud. A los 13 años comenzó en la ebanistería y desde entonces no se ha apartado del oficio. Su cabello blanco da cuenta del paso del tiempo, mientras su fe en Jesucristo sigue siendo una de sus mayores certezas.
El sol “pica” pasado el mediodía en Bahoruco, distrito municipal de la provincia Barahona. Bajo la sombra de un árbol frondoso está Casa Larimar, su vivienda y taller. Allí trabaja junto a sus hijos. La edificación conserva paredes empañetadas sin pintar, puertas de caoba y detalles de larimar que también aparecen en el piso y los asientos. El lugar reúne los materiales que han marcado su trayectoria.
Betances recibe la visita con bastante energía. Cuenta a elDinero que fue el primer cortador de larimar en la provincia que lo vio nacer. Lo dice con la seguridad de quien conoce el camino que recorrió. “Todo el que diga que cortó primero es un mentiroso porque el que comenzó fui yo”, relata.
Su destreza para cortar la piedra nacional nació de los conocimientos que adquirió como ebanista. En aquellos años, recuerda, algunas personas lo veían como un “superhéroe”. Él se considera un pionero. Con el tiempo, el trabajo cambió. La incorporación de máquinas permitió que más personas pudieran procesar el larimar y, según cuenta, sus ganancias disminuyeron. No guarda reproches. “El sol sale para todos”, afirma.
Su especialidad sigue siendo la elaboración de piezas con caoba de ferretería. Betances aclara que no tala árboles. Compra la materia prima en centros ferreteros y con ella fabrica puertas, muebles, espaldares para camas y mesas. Cuando incorpora larimar, el valor de las piezas aumenta. Una puerta con detalles de la piedra nacional puede costar RD$200,000.
Para sus vecinos, procura que los precios sean más asequibles. También trabaja basado en la confianza. “Si usted no tiene el dinero ahora, yo se la fío, siempre que no me engañe. Hasta se la instalo”, expresa. Esa forma de relacionarse con sus clientes implica que los ingresos no siempre son constantes. En ocasiones puede tardar meses en conseguir dinero.
El oficio le ha exigido más que conocer la madera o saber cortar una piedra. Betances hace de todo. Es tornero tallista, albañil, carpintero y pintor. Asegura que ama lo que hace, aunque también reconoce que siempre está cansado. Aun así, continúa trabajando. Sus manos, acostumbradas a las herramientas, siguen siendo su principal instrumento.
El trabajo también ha sido el sustento con el que crió a sus cinco hijos, tres hombres y dos mujeres, junto a su esposa. Ella permanece cerca durante la visita. Es reservada y de pocas palabras, pero sencilla de corazón. Se alegra con la presencia de los visitantes y acompaña en silencio la conversación.
Para Betances, la honestidad no es negociable. Su manera de entender el oficio está ligada a su fe. Durante más de siete décadas ha recurrido a Jesucristo para pedir sabiduría y habilidad. No busca únicamente terminar una pieza.
Quiere hacerla con honestidad y vivir de acuerdo con sus convicciones. “Es mejor agradar a Dios que a las personas”, manifiesta.
Hay meses en los que el dinero tarda en llegar, pero eso no parece apartarlo de su oficio. Continúa confiando en sus manos y en la posibilidad de que el trabajo aparezca. A sus 75 años, el cansancio forma parte de su día, igual que las herramientas, la madera y la piedra que conoce desde hace décadas.
En Casa Larimar, el larimar no está solamente en las piezas que fabrica. También forma parte del espacio donde vive y trabaja. Está en los pisos, en los asientos y en los detalles de la casa. Es una presencia constante para quien dedicó buena parte de su vida a convertir la piedra nacional en objetos hechos con sus propias manos.
El cabello blanco y las manos cansadas contrastan con la firmeza con que habla de su oficio. Sus ojos azules recuerdan el color de la piedra que aprendió a trabajar desde joven. Mientras el calor continúa, Betances permanece en su taller, fiel a su oficio y a una fe que, según cuenta, lo ha acompañado durante más de siete décadas.
Piedra nacional
El larimar es una piedra semipreciosa que solo se encuentra en la tierra ubicada en el mismo trayecto del sol, República Dominicana, específicamente en el distrito municipal Bahoruco, perteneciente a la provincia Barahona.
Datos del Ministerio de Energía y Minas (MEM) indican que el 60% de la producción de la piedra nacional se queda en el país para atender la demanda de los artesanos y talleres locales, mientras que el 40% restante se destina a la exportación. De hecho, las estadísticas de la Dirección de Promoción Minera establecen que durante el primer semestre de 2026 la producción nacional alcanzó 188,696 libras de larimar.
Este sector, que genera aproximadamente 2,250 empleos directos e indirectos en la provincia, ha triplicado los permisos de exportación, pasando de 95,480 libras en en el año 2024 a los 291,340 durante el pasado 2025.








