La tecnología blockchain comienza a incorporarse a los mercados de capitales de América Latina mediante instrumentos de deuda que conservan las características de los bonos tradicionales, pero son representados digitalmente mediante tokens.
Un bono tokenizado es, en esencia, un instrumento de deuda tradicional. Se trata de un contrato financiero mediante el cual un emisor, como una empresa, banco o gobierno, obtiene dinero de inversionistas con el compromiso de devolver el capital recibido más los intereses acordados en una fecha futura.
La diferencia es que, en lugar de estar representado únicamente en los sistemas financieros convencionales, el bono se convierte en un token digital registrado en una cadena de bloques o blockchain. Ese token representa los derechos económicos asociados al instrumento.
¿Cómo funciona?
El proceso puede dividirse en varias etapas:
1. Emisión: una empresa, banco o gobierno crea el instrumento de deuda y genera tokens digitales que representan el bono, ya sea en su totalidad o en fracciones.
2. Registro: la titularidad y las transferencias de los tokens quedan registradas en la blockchain, permitiendo seguir el historial de propiedad.
3. Automatización: determinados procesos, como el pago de intereses o la devolución del capital al vencimiento, pueden gestionarse mediante contratos inteligentes o smart contracts, de acuerdo con las condiciones de la emisión.
¿Qué ventajas ofrece?
Entre los principales beneficios de la tokenización de bonos se encuentran la posibilidad de reducir intermediarios y costos operativos, agilizar las transacciones y facilitar la inversión fraccionada.
También ofrece mayor trazabilidad, ya que las operaciones registradas en la blockchain pueden ser verificadas y auditadas de acuerdo con las características de la red y del sistema utilizado.
Sin embargo, la tokenización no elimina el riesgo de crédito. El inversionista continúa dependiendo de la capacidad del emisor para cumplir con el pago de los intereses y devolver el capital.
Un caso en América Latina
Un ejemplo de esta evolución se produjo en El Salvador, donde Moody’s Local Centroamérica otorgó la primera calificación a una emisión de bono tokenizado en América Latina.
Moody’s Local El Salvador asignó las calificaciones AAA de largo plazo y N-1 de corto plazo, con perspectiva estable, al programa TKNBIES1, correspondiente a la primera emisión de deuda tokenizada de Banco Industrial El Salvador (BIES).
El programa contempla emisiones de hasta US$50 millones, con un plazo máximo de 10 años, y está representado como un token de deuda listado en la plataforma Digital Exchange (DAX).
La evaluación de Moody’s Local concluyó que los riesgos operativos asociados al uso de blockchain y a la infraestructura tecnológica no modifican materialmente la calidad crediticia del instrumento frente a otras obligaciones sénior del mismo emisor.
La calificación también toma en cuenta el sólido perfil financiero de Banco Industrial El Salvador y el respaldo esperado de su accionista, Banco Industrial de Guatemala.
¿Entonces cómo se relaciona con una deuda?
La relación es directa: el bono tokenizado sigue siendo una deuda. El emisor recibe financiamiento de los inversionistas y adquiere la obligación de pagar los intereses establecidos y devolver el capital en las condiciones acordadas.
Lo que cambia principalmente es la forma en que esa deuda se representa, registra y administra. La tecnología blockchain permite convertir los derechos asociados al bono en activos digitales que pueden ser transferidos y gestionados dentro de una infraestructura tecnológica determinada.
Por tanto, un bono tokenizado no significa que una persona pueda convertir su deuda personal en un token para dejar de pagarla. Se refiere a una nueva manera de estructurar y administrar instrumentos de deuda dentro de los mercados financieros.
La operación de Banco Industrial El Salvador muestra cómo esta tecnología comienza a integrarse en los mercados de capitales regulados de América Latina, manteniendo mecanismos de análisis crediticio y gestión de riesgos similares a los aplicados a instrumentos de deuda tradicionales.






