Es urgente que los dominicanos asimilen la cruda realidad de la crisis global. Vivimos en una economía vulnerable a factores externos. Las decisiones de las grandes potencias y los conflictos geopolíticos influyen hasta en el plato de comida. La economía local dominicana no está aislada.
Está más conectada que nunca, por lo que recibe el impacto directo de estas turbulencias. Recientemente, el presidente Luis Abinader advirtió que el costo de los combustibles está ejerciendo una presión insostenible sobre las finanzas públicas.
Con proyecciones que superan los RD$40,000 millones en subsidios para este año, surge una pregunta inevitable: ¿hasta cuándo aguantará el fisco este sacrificio? Si el Estado se ve obligado a retirar o reducir estas ayudas por asfixia presupuestaria, el traspaso de los costos al consumidor será inmediato. Comprender este escenario no es una opción.






