Las dominicanas registran mayores niveles de formación académica que los hombres, pero continúan enfrentando dificultades para acceder al mercado laboral, obtener mejores ingresos y desarrollar emprendimientos competitivos. Esta contradicción evidencia que la educación, aunque constituye una herramienta fundamental para el desarrollo, no garantiza por sí sola la autonomía económica y la participación femenina.
Así lo planteó Ana María Díaz, representante residente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en República Dominicana, durante su conferencia “Mercados, oportunidades y desigualdad: los desafíos de la participación económica de las mujeres en América Latina”, dictada en el III Foro Internacional sobre Género y Competencia, celebrado bajo el lema “Mercados más inclusivos: género, emprendimiento y libre competencia”, en el marco de la IV Semana de la Competencia.
Durante su intervención, Díaz expuso que el 37% de las mujeres ocupadas en República Dominicana cuenta con formación universitaria, frente al 18% de los hombres. Sin embargo, esa ventaja educativa no se refleja en una mayor incorporación al mercado laboral.
De acuerdo con los datos presentados, la participación laboral femenina alcanza el 51%, mientras que la masculina se sitúa en el 79%. A esta diferencia se suman una tasa de desempleo del 8% para las mujeres, frente al 3% de los hombres, y una brecha salarial que favorece a los trabajadores masculinos en un 21%.
“Estamos más formadas, pero el mercado no está premiando, no está reconociendo, no nos está dando esas oportunidades a las mujeres”, expresó la representante del PNUD al analizar las desigualdades que persisten en la economía dominicana.
Díaz explicó que estas diferencias no deben interpretarse como una falta de capacidad o iniciativa de las mujeres, sino como el resultado de condiciones estructurales que afectan sus posibilidades de acceder a empleos de calidad, financiamiento, tecnologías y oportunidades de crecimiento.
“La participación de las mujeres en los mercados ya no depende únicamente de capacidades individuales”, sostuvo Díaz, al señalar que las estructuras económicas, las normas sociales y las instituciones influyen en la distribución de los recursos y las oportunidades.
Díaz indicó que República Dominicana pierde alrededor del 40% de su potencial de desarrollo humano debido a las desigualdades de género. Al comparar la situación dominicana dentro de América Latina y el Caribe, explicó que la pobreza femenina es un 18% mayor que la masculina y las mujeres reciben, en promedio, 58 centavos de ingreso laboral por cada dólar percibido por los hombres
Cuidados
El trabajo doméstico y de cuidados no remunerado sobre las oportunidades económicas de las mujeres fue analizado por Díaz, quien explicó que las responsabilidades familiares continúan distribuyéndose de manera desigual, lo que reduce el tiempo disponible de las mujeres para participar en actividades productivas, fortalecer sus negocios, capacitarse y acceder a nuevos mercados.
En República Dominicana, las mujeres de bajos ingresos dedican un promedio de 42 horas semanales al trabajo no remunerado. En los hogares más pobres, estas responsabilidades pueden representar hasta el 65% del tiempo de las mujeres.
Esta situación resulta especialmente compleja para las emprendedoras que deben gestionar simultáneamente sus negocios y las necesidades de cuidado de sus familias, muchas veces sin redes de apoyo suficientes. La representante del PNUD argumentó que la distribución desigual de los cuidados no debe abordarse exclusivamente desde la protección social, sino también desde su impacto sobre la productividad y el crecimiento económico.
“Ese cuidado no remunerado reduce su tiempo para trabajar, su tiempo para emprender, su tiempo para acceder a mercados”, manifestó. En ese contexto, consideró que disponer de sistemas de cuidados sólidos constituye una condición necesaria para ampliar las oportunidades económicas femeninas.
Asimismo, destacó como un avance la aprobación de la Política Nacional de Cuidados en República Dominicana, aunque señaló que todavía es necesario profundizar las acciones dirigidas a redistribuir estas responsabilidades entre el Estado, las familias y la sociedad.
Más emprendimientos
Otro de los planteamientos de Díaz estuvo relacionado con la necesidad de evaluar la calidad y sostenibilidad de los emprendimientos femeninos, en lugar de concentrarse únicamente en la cantidad de negocios liderados por mujeres.
Durante su exposición, indicó que cerca del 70% de las microempresas dominicanas están encabezadas por mujeres. Aunque esta participación refleja su iniciativa emprendedora, advirtió que una proporción importante de estos negocios opera en condiciones de precariedad y vulnerabilidad.
La situación plantea un desafío para las políticas de inclusión económica, debido a que participar en una actividad empresarial no necesariamente garantiza ingresos suficientes, estabilidad financiera o posibilidades de crecimiento.
“La inclusión económica no puede limitarse únicamente a incorporar las mujeres a los mercados existentes. Tiene que examinar si las reglas de esos mercados reproducen o corrigen las desigualdades de carácter estructural”, afirmó.
Díaz sostuvo que las condiciones de competencia deben analizarse considerando las diferencias territoriales, de ingresos, acceso al crédito, formación tecnológica y responsabilidades de cuidado que enfrentan las mujeres.
También señaló que la violencia constituye un obstáculo para la autonomía económica. Al respecto, indicó que casi el 11% de las empresarias dominicanas reportó haber experimentado violencia doméstica durante los últimos tres años, según estadísticas nacionales citadas en su presentación.
Explicó que estas situaciones afectan la autoestima, la salud física y mental y, en consecuencia, la capacidad de las mujeres para desarrollarse profesionalmente y competir en los mercados.








