Con el establecimiento de precios adecuados para la energía se podrán reducir los costos ambientales y se salvarán vidas, estima el Fondo Monetario Internacional (FMI) en un post colocado en su página de internet.
El Día del Medio Ambiente, señala el FMI, es una oportunidad para considerar por qué es tan importante establecer precios adecuados de la energía. Desde hace tiempo, el FMI sostiene que los precios de la energía que reflejan los costos ambientales pueden ayudar no solo a mejorar la salud pública, sino también a promover un crecimiento inclusivo y finanzas públicas sólidas.
Recientemente, varios países como Egipto, Indonesia, México y Arabia Saudita han tomado medidas importantes para aumentar los precios de la energía a niveles de mercado, y algunos otros, como India y China, han logrado avances en materia de fuentes de energía renovable económicamente rentables, y reducido su dependencia de los combustibles fósiles.
Aun así, la infravaloración de la energía de fuentes fósiles sigue siendo una práctica generalizada y significativa y puede acarrear consecuencias graves para la salud, en especial en países con alta densidad de población.
Nuestro gráfico de la semana muestra que la reforma de los subsidios a la energía (de manera que el consumo de energía disminuya al aumentar los precios) reduciría significativamente las muertes prematuras por exposición a la contaminación atmosférica local.
A modo de ejemplo, si la energía se hubiese cobrado al precio correcto en 2015 por país, las muertes por contaminación atmosférica en Europa central y oriental y en los países emergentes y en desarrollo de Asia hubiesen disminuido en más del 60%, dado el alto nivel de utilización de combustibles fósiles y de exposición a emisiones debido a la alta densidad de población.
En la región de Oriente Medio y Norte de África, la reducción de muertes por contaminación atmosférica hubiese sido de alrededor del 50% al disminuir significativamente el consumo de petróleo.
En América Latina y las economías avanzadas, la reducción de muertes sería del orden del 25%, debido a la utilización limitada del carbón en el primer grupo de países y las tasas relativamente bajas de emisión atmosférica en el segundo grupo que cuenta con tecnologías para el control de emisiones.
Asimismo, según estimaciones del FMI, el establecimiento de precios correctos de la energía reduciría las emisiones de dióxido de carbono en el mundo en alrededor del 25% e implicaría un aumento de los ingresos públicos del 3,5% del PIB. Una mayor recaudación permite, por ejemplo, a los gobiernos reducir algunos tipos de impuestos (como los que gravan el trabajo) que constituyen un lastre para el crecimiento; aumentar el gasto público que promueve el crecimiento (por ejemplo, para infraestructura, salud y educación), y financiar transferencias de efectivo específicas para los sectores pobres.
Por otra parte, al no contar con precios de la energía artificialmente bajos los países tendrían fuertes incentivos para invertir en energía y tecnologías de transporte no contaminantes de vanguardia.











