Señor director:
En estos días hemos sido testigos de declaraciones del síndico de Santiago, Abel Martínez, defendiendo su decisión de prohibir a los limpiavidrios en las calles de esa ciudad cibaeña, entre otras actividades informales.
Es, sin duda, una decisión que puede ser catalogada de arbitraria, pero que cuenta con el apoyo de muchos dominicanos que día a día nos vemos asediados por jóvenes que no piden permiso para ofrecer el servicio. Y lo peor del caso es que llegan a rayarte el vehículo, incluso a romper cristales, cuando reciben un no como respuesta de parte del ciudadano que quizá va apresurado o con problemas en su cabeza.
Si bien, como país, debemos buscarles alternativas de trabajo a estos jóvenes, no menos cierto es que también hay derecho a transitar libremente por las calles de cualquier ciudad, sin que alguien, por más derecho que tenga a trabajar, moleste o cause alguna restricción al ciudadano.
Esto sólo deja una lección para todos: el Estado debe fortalecer su política de generación de empleos formales para evitar que estos jóvenes sean hoy lo que realmente son: una molestia en las calles.
Melvin Ml. de Jesús.
Vendedor.











