Ahora se le ha metido en la cabeza a unos cuantos interesados, que por suerte no son muchos, juntar el GLP y las gasolinas bajo un mismo techo. Su pretensión levanta legítimas sospechas de que no andan bien del tino. ¿Cómo es posible que a personas lúcidas se les ocurra esta idea?
No puede haber nada más importante que la seguridad de los consumidores. Pensar siquiera en juntar estos dos combustibles, diferentes desde cualquier punto de vista, es olvidar que la esencia del negocio no está en lo pecuniario, sino en que quienes entren a una estación de servicio se sientan seguros. Todo lo demás, como dice la Biblia, vendrá por añadidura.
Por suerte, y es un punto que la población tiene a su favor, las autoridades están conscientes del riesgo que implica cambiar las reglas que durante tantos años han funcionado correctamente. Nadie, ningún funcionario, querrá cargar con la culpa de un evento catastrófico en una estación de combustible.











