Referirse a José Luis Corripio Estrada, a quien todo el mundo llama Pepín, es presentar a uno de los empresarios dominicanos más importantes en la historia de este país. Iniciar esta edición especial de Biografía Empresarial -que saldrá el último jueves de cada mes- con un resumen de la trayectoria de éxitos y esfuerzos de este emprendedor histórico, marca el punto de partida para un contenido que espera ser útil para los lectores.
Pepín Corripio es sinónimo de trabajo tesonero y desprendido, un ser humano que lo único que ha hecho es aportar al desarrollo económico y social de República Dominicana. Sus empresas, sin lugar a duda, son el refugio de miles de personas que encuentran un espacio para desarrollar su talento y ser, igual que él, útiles a la sociedad.
¿Qué se puede decir de un hombre responsable de emplear a más de 11,000 personas? Sus aportes y legado al desarrollo empresarial, siempre actuando bajo las luces de la transparencia y el apego a los mejores intereses del país, están diseminados en cada familia que depende directa o indirectamente del Grupo Corripio.
La familia Corripio, que llegó a principios del siglo pasado a República Dominicana, ha sido testigo de épocas de gloria y penas; de desarrollo y devastación, pero sobre todo de transformaciones sociales. Sobre su éxito, ha sido reiterativo en afirmar que quienes esperan que él les diga cómo hacerse rico rápido y fácil, quedarán decepcionados porque no conoce esa fórmula.
Lo que sí ha quedado demostrado es que este apellido es sinónimo de emprendimiento. No lo han pesado dos veces para invertir en sectores de la economía que hoy son ejemplos de crecimiento y aportes. Sus apuestas empresariales están en los sectores industrial, agroindustrial, comercio o servicios, comunicaciones, finanzas y tecnología, entre otros.
No se sabe cuántas veces Pepín Corripio ha sido reconocido y condecorado, aquí y fuera del país, pero siempre tiene palabras vestidas de humildad para narrar algunos pasajes de su trayectoria empresarial. Ha contado muchas veces cómo fue su niñez y por dónde caminaba en las calles de la ciudad de Santo Domingo.
Hace unas semanas la familia Corripio celebró un siglo de historia en República Dominicana. Lo hizo de una manera que quedará grabada en la memoria de 100 instituciones sin fines de lucro que trabajan en diversas áreas sociales del país. La sala Eduardo Brito del Teatro Nacional fue el escenario indicado para donar RD$100 millones distribuidos entre estas entidades.
“Con motivo de esta fecha tan especial para nosotros, queremos expresar nuestro testimonio de agradecimiento al país y al pueblo dominicano, y no hemos encontrado una mejor forma de hacerlo que reconociendo y celebrando el trabajo constante que vienen realizando 100 instituciones o personas en las 32 provincias de República Dominicana y que tan solo constituyen una muestra representativa del trabajo que hacen cientos de organizaciones, un trabajo que nos hace ver y creer en que un mejor país es posible a través del sacrificio, la entrega, la solidaridad y el amor al prójimo”, dijo en el acto al que asistieron la vicepresidenta Margarita Cedeño, Manuel, José Alfredo, Lucía y Ana Corripio, así como sus nueros, nietos y bisnietos, entre otras personalidades.
El gesto de desprendimiento y de ser agradecido con el país fue motivo para que el Club Rotario Santo Domingo Bella Vista le otorgara la distinción de Socio Honorario.
“Estos reconocimientos traen un poquito de sonrojo”, dijo Corripio, tras expresar que cada ser humano debe tratar que a su muerte no se le recuerde por las medallas y condecoraciones que recibió, ni por el dinero, sino porque fue una persona buena. “Yo, a pesar de no haber sido rotario, me he llevado mucho del cronograma de ustedes: dar de sí, antes de pensar en sí”, expresó.
Primeros pasos
La historia familiar cuenta que Don Manuel Corripio García, fundador del Grupo Corripio, nace en el seno de una humilde familia en Asturias, España, el 8 de febrero de 1908. A los 13 años y con tan sólo un octavo curso de preparación académica, se embarca en busca de progreso, hacia Santo Domingo, donde ya había llegado, cuatro años antes, su hermano mayor Ramón.
Una vez en Santo Domingo, don Manuel pasa de niño a adulto, en la misma forma como lo hicieron otros jóvenes españoles de su generación que emigraron a América. A partir de ese momento dedica su vida únicamente al trabajo, guiado por su hermano y las personas del negocio donde trabajaban.
Posteriormente se independiza con su hermano Ramón y trabajan juntos en un pequeño negocio hasta 1930, fecha en la que Don Manuel se independiza y funda la primera empresa del Grupo Corripio, aún en operación con los mismos bríos que su fundador le imprimió desde el primer día.
Los inicios de Pepín Corripio
En 1934 nace José Luis Corripio Estrada (Pepín). Dado que en 1936 estalla la Guerra Civil Española, después del nacimiento de Pepín, Don Manuel regresa a Santo Domingo, con la firme intención de permanecer definitivamente en República Dominicana, lugar que desde ese momento asume como su patria adoptiva. En 1938 lo siguen su esposa e hijo, quienes se convierten en sus principales colaboradores.
Con el advenimiento de la democracia en República Dominicana a mediados de los 60, se acelera una etapa de crecimiento que el Grupo Corripio aprovecha, siempre bajo los mismos valores con los que fue formado: trabajo incansable, fe en el país, honrar los compromisos sin importar las conveniencias; respeto por sus clientes y desarrollo de todas las personas que colaboran en el Grupo Corripio, que hoy en día exceden los 11,000 empleados.
Pepín lidera la Fundación Corripio, entidad sin fines de lucro dedicada a promocionar la cultura dominicana y a reconocer a sus más destacados exponentes, auspiciando, entre otras actividades, el Premio Nacional de Literatura y los Premios Fundación Corripio, que se entregan cada año a personalidades dominicanas por sus aportes a nuestra sociedad.












