Hoy día en que hablar de transparencia se ha vuelto una moda y que, muy probablemente, quienes incluyen este concepto en sus discursos en realidad ni se asoman a serlo, sería bueno preguntarse ¿para qué sirve la transparencia?
Lo primero que debo decir es que una sociedad que pone todos sus actos de cara al sol habrá de ser más equitativa. De nada sirve que crezcamos económicamente si no logramos traducir ese crecimiento en un desarrollo humano. Los gobiernos, sin excepción, han fracasado en la ruta que los lleva a cumplir sus promesas de campaña política, pues al llegar a la administración pública, aunque no olvidan sus intenciones de cerrar la brecha entre ricos y pobres, son apabullados o rodeados por los compromisos que asumen con el statu quo.
Teóricamente República Dominicana tiene todos los mecanismos legales e institucionales para ser una sociedad exitosa en materia de transparencia. En teoría tenemos un sistema de fiscalización compuestos por organismos internos y externos de los gobiernos; nuestra Constitución plantea la existencia del Poder Judicial y está, repito que en teoría, el poder social como control. ¿Qué sucede? ¿Por qué no se logra implantar un régimen de consecuencia que funcione sin mirar a quién?
Quizá nuestro establishment está tan comprometido con la turbiedad que, aunque quiera aclarar las aguas, ya es imposible o les resulte muy cuesta arriba hacerlo porque habrá de sacrificar mucho de lo que se ha ganado y “obtenido”.
Sin embargo, creo que lo único que ha faltado es voluntad política (no me refiero a voluntad de los políticos), pues como país hemos materializado metas extraordinarias cuando así nos lo proponemos.
De lo que sí estoy seguro es que si nos convencemos de que la transparencia es positiva para todos: gobernantes, empresarios, pueblo y todo ente social, lo más probable es que la defendamos hasta con nuestras vidas. Ser transparente es positivo por donde quiera que miremos.











