Estudiando los fenómenos políticos, económicos y sociales, uno llega a la conclusión de que el mundo marcha como debiera, y que lo que somos hoy como sociedad se lo debemos a lo que fuimos e hicimos en el pasado. Por ejemplo, el hecho de que exista un alto nivel de pobreza en el país, y de que esta no mejore aun con el crecimiento económico, implica que en el pasado no distribuimos adecuadamente los beneficios de la expansión económica. De hecho, hoy somos más desiguales que antes, económicamente hablando, y probablemente esto se agudizará durante los próximos años. Sin que se vea como premonición, es casi seguro que los ricos serán más ricos y los pobres serán más pobres aún. Casi como ley de vida, o de repartición.
Pero lo anterior solo indica que estamos en un sistema/esquema perverso, en donde la distribución de la riqueza la hacen los que tienen dicha riqueza o, en su defecto, un Estado que es cada vez más pobre y, al mismo tiempo, indolente. Y esta indolencia no es fortuita, sino que es un resultado de cómo los hacedores de política han vivido en contubernio con los gestores gubernamentales para que nada pase. Luego, el pueblo se conforma con pan y circo, hoy con más circo que nunca pues el Dembow, la francachela y el chapeo han abierto una compuerta difícil de cerrar en el futuro inmediato.
A todo esto, los partidos políticos, venidos a menos en términos ideológicos, son parte del problema y no de la solución. Se repiten en acciones, negocios y formas de ver la política; su visión es más corta que la de un niño con una Tablet, a diferencia de que el niño puede, con este instrumento, llegar a la luna. La miopía política ha llevado a reducir los problemas sociales a un simple tema tratado en la parte trasera de la casa, bajo los efectos del Dios Baco y alguna que otra picadera.
Y, mientras el mundo se nos viene encima, nosotros nos entretenemos con memes que hablan muy bien de la batalla entre Licey y Águilas, pues se puede luchar en diferentes escenarios. Pero esto también es parte del circo que, lamentablemente, pagamos para estar en él. Veinte millones de pesos generados en impuestos fueron a habilitar un espacio del estadio consumido por las llamas. Excelente estrategia de hacer redistribución inversa: el Estado dominicano asume las pérdidas de la empresa privada. Pero ya eso parte de la historia; ahora que siga el entierro pues debemos apresurarnos para participar en la Serie del Caribe. Y luego viene el carnaval junto al convención del PRM. Es decir, que hay circo para rato.











