Los venezolanos fueron convocados a ir a las urnas el 20 de mayo pasado. Más de la mitad decidió no ejercer el derecho a elegir y pasaron a ser parte del 56% que se abstuvo. ¡Qué pena! El presidente Nicolás Maduro, como era de esperarse, resultó “ganador”.
A partir de esta experiencia, ¿qué se puede interpretar? Que los pueblos tienen el gobernante que se merecen (o deciden). Nicolás Maduro, que podrá tener todo el poder apoyado por un grupo de “aprovechados coyunturales”, hubiera resistido una votación masiva.
Hubiera sido muy evidente que si ganaba, a pesar de la reacción de rechazo de la gente, hubiera sido más fácil demostrar si hubo fraude. Pero ahora no se sabe si ganó porque realmente ganó o porque sólo salieron a votar sus acólitos.
La oposición venezolana, lamentablemente, está dividida y este es, sin quizá, lo peor que le puede pasar. Si no pasa nada, ahora o mañana, habrá Maduro hasta 2025 y…











