Por Nassim Alemany
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El paso del huracán Sandy por la costa este de los Estados Unidos ha puesto nuevamente en discusión la efectividad de las leyes en contra de la especulación de precios con bienes esenciales luego de desastres naturales.
Estas leyes controlan los aumentos de precios causados por la especulación en periodos de emergencia para bienes necesarios de sobrevivencia, y en los estados en que sí están permitidos los aumentos de precios, entonces tienen límites máximos de hasta donde pueden llegar. Por ejemplo, en New Jersey, el precio de un galón de combustible del inventario existente no puede aumentar más de un 10% luego del desastre natural.
De manera general podríamos crees que estas leyes protegen el bolsillo del pueblo, ya que actúan a favor de los más necesitados, garantizando un suministro de bienes necesarios a precios razonables. El problema es que, en realidad, no funcionan de esa manera.
En cualquier curso introductorio de economía aprendemos que en un mercado competitivo, el precio de un bien viene dado por el punto en donde la cantidad demandada iguale la cantidad ofertada. Si por un fenómeno natural la cantidad demandada aumenta y la oferta se mantiene igual, entonces el precio del bien también aumentará.
Los controles de precios limitan este aumento, y entonces se produce una escasez del producto. Por ejemplo, como la cantidad demandada de combustibles aumenta luego de un huracán (para encender generadores, para guardar por si luego se acaba en el mercado, por la expectativa de que en un futuro pueda subir de precios, etc.) y las estaciones no pueden aumentar el precio debido a la ley, entonces comienza a crearse una situación de escasez en el mercado de gasolina por el aumento de la demanda y una reducción en la oferta.
Si el precio hubiera aumentado, desincentivaría el consumo especulativo y sólo aquel que realmente necesitara el bien, lo compraría.
Una semana después del huracán, se recibieron denuncias sobre especulaciones de precios con bienes como: cajas de fósforos (US$10), viga de pan (US$7), galón de gasolina (US$8), entre otros. Estos productos eran revendidos a personas afectadas por la tormenta, por individuos que lo habían acumulado.
Lamentablemente, el control de precios, aún en periodos de emergencia, no garantiza que el que realmente necesita un producto sea quien lo consiga.












