El Banco Central de Chile ajustó este lunes levemente a la baja su previsión de crecimiento del producto interno bruto (PIB) para este año y lo situó en un rango de entre un 3% y un 4%.
En su primer Informe de Política Monetaria (IPoM) del año 2019, el emisor chileno redujo su previsión de incremento del PIB en 0.25 puntos porcentuales respecto del anterior informe, publicado en diciembre del año pasado.
Este leve ajuste, indicó el Banco Central, se debe a la expectativa de un peor desempeño del sector minero, uno de los pilares económicos del país austral.
De cara a 2020, se prevé un crecimiento del PIB de entre un 3% y un 4%, por encima del rango 2.75%-3.75% del último IPoM del año pasado. En 2018, la economía chilena creció un 4%.
Según el documento del emisor chileno, la inversión seguirá liderando la expansión de la economía y este año subirá un 6.2% después de hacerlo un 4.7% en 2018.
En cuanto a la inflación, el Banco Central indicó que la nueva medición del Índice de Precios al Consumidor (IPC) llevó a rebajar la tasa prevista para el cierre de este año al 2.6% desde el 2.9% que se calculó en el anterior informe.
A mediados de 2020, la tasa se aproximaría al 3%, la mediana del rango meta de entre un 2% y un 4% que el emisor mantiene para un horizonte de dos años.
La demanda interna, en tanto, se expandirá este año un 3.7%, un punto menos que el 4.7% que registró al cierre del 2018.
Las exportaciones aumentarán su valor un 3.6% en 2019, por debajo del 5% del año pasado, y las importaciones crecerán un 4.5%, también por debajo del 7.6% del 2018.
La cuenta corriente de la balanza de pagos cerrará este año con un déficit del 2.9% del PIB y el próximo con un 2.7%, precisó el informe del Banco Central.
Las proyecciones para el precio promedio del cobre, el principal producto de exportación chileno, son de 2.90 dólares por libra para el periodo 2019-2021.
El emisor señaló en el informe que en el ámbito interno el balance de riesgos está equilibrado, mientras que en el plano exterior sigue con un sesgo a la baja.
“El principal riesgo sigue siendo una reversión abrupta de las condiciones financieras para las economías emergentes, lo que podría gatillarse por (…) una desaceleración más abrupta y generalizada del crecimiento mundial o una evolución negativa en los diversos focos de tensión geopolítica que han persistido en el último tiempo”, concluyó.












