“Lo mejor del coronavirus es que ahora mi familia está más unida que nunca, me gusta eso”, le comenta, desde su inocencia, a Yonathan López su sobrino Danelfi, de ocho años, al ver que su tío y los demás adultos de su extensa familia permanecen casi todo el tiempo en casa.
Los mayores de la familia López Then llevan más de 20 días sin laborar desde que los patronos los suspendieran de sus empleos, acatando las medidas de distanciamiento social dispuestas por el Gobierno desde la aprobación del estado de emergencia nacional, ante la pandemia de covid-19 que se propaga en el país.
“A lo primero uno se siente preso, pero ya me he adaptado”, comenta Yonathan, quien antes de la cuarentena llegaba a la casa por las noches a cenar y a acostarse, después de su jornada en Genao Graphics, un negocio dedicado a realizar trabajos de serigrafía y diseño.
Aunque considera incierto el manejo de las finanzas familiares en los días por venir, está consciente de que preservar la salud es la prioridad y, hasta el momento, cada persona del hogar contribuye con lo que tiene a mano, utilizando incluso parte de sus ahorros para sostenerse en estos días.

Esta inquietud la comparte Altagracia Hernández, una estilista que tiene más de dos semanas sin abrir su salón, ubicado en el sector Jobo Bonito. Su oficio le permitía cumplir con todas sus obligaciones de fin de mes.
“Si esto se alarga 30 días más, serían casi dos meses sin producir, pero los pagos siguen siendo los mismos. El local, teléfono, los gastos de la casa, la luz eléctrica…”, dice abrumada. “Pero no queda de otra… mi salud, la de mi familia y la de mis clientes está primero que todo”, añade.
Aunque confiesa sentirse extrañada porque nunca había vivido una situación de esta magnitud, ha intentado prepararse mentalmente para evitar las preocupaciones. “Me pongo a leer temas interesantes, de crecimiento profesional y espiritual, para entretenerme en algo positivo, porque uno prende la televisión y solo hablan de eso (del coronavirus), y es un poco deprimente”.
Para quienes han podido trabajar remoto, la historia es completamente diferente. Como analista financiera de una entidad bancaria, Franleidy Vásquez ha mantenido sus ocupaciones habituales. “Me he mantenido muy productiva. He continuado mi maestría en línea y mi empresa trasladó mi escritorio a la casa, así que sigo trabajando, solo que ahora lo hago en pijamas”, confiesa.
Aunque tiene más de un mes sin visitar a su madre en San Francisco de Macorís, como solía hacerlo los fines de semana, mantiene comunicación constante por videoconferencias, por lo que ha podido seguir recibiendo el apoyo emocional de su familia.
Hasta la fecha, la provincia Duarte, a la que pertenece San Francisco de Macorís, tenía registrado un total de 350 pacientes de covid-19, con 63 fallecidos y 21 personas que superaron la carga del nuevo coronavirus detectado en China.
Salir a la calle, lo que implica
Más allá de quedarse en casa, preservar la salud durante esta pandemia ha cambiado la manera en que las personas hacen uso de los espacios públicos, reduciendo al mínimo las interacciones dentro y fuera del hogar y aumentando las medidas de higiene.
Para Sheila Santos, quien ha ido al supermercado dos veces este mes, salir y entrar de casa es una tarea de varios pasos a ejecutar.
“Cuando mi esposo y yo hemos salido, nos ponemos una mascarilla, guantes y un abrigo. Al regresar, entramos por el callejón. Como está cerrado, nos quitamos la ropa ahí mismo, tú sabes, por los niños. Nos bañamos completos. Ponemos la ropa al sol y luego la lavamos”.
La joven actúa con cautela porque su hijo de tres años, susceptible a enfermarse desde su nacimiento, presentó dengue durante los días del confinamiento.
“Yo tuve que salir a buscar una enfermera que le hiciera sus análisis aquí para luego buscarlos a la clínica, porque la doctora nos recomendó que no lo sacáramos por toda esta situación”, explica, agregando que, aunque la salud de su pequeño ya está estable, la convivencia familiar le ha resultado “un poco agobiante”.
Como una persona que guarda una cuarentena a medias, Yhohanser Rosario, quien trabaja de asistente para una fábrica de alimentos lácteos, ha preferido evitar al mínino el contacto con su abuela y su padre dentro del hogar, consciente de que ambos conforman parte de la población vulnerable a los efectos de la enfermedad, en caso de contraerla.
“Ya les he avisado a que entren a sus habitaciones cuando llego. Si ellos tienen algo que darme, les digo que lo dejen en mi puerta y que después yo lo recojo; como soy el único que está saliendo, así me cuido y los cuido a ellos”, expresa.
Preservar la salud mental
Ante la crisis de salud mental que desatará la pandemia de covid-19 por las medidas de aislamiento prolongadas, el desempleo, el cambio de hábitos cotidianos y la falta de espacio personal dentro de los miembros del hogar, el psiquiatra Ángel Núñez considera que la resiliencia juega un rol fundamental para lograr una adaptación a los cambios que ha traído consigo la crisis sanitaria.
Núñez insiste en que se trata de la única manera en la que una persona pueda evitar caer en cuadros de ansiedad y depresión.
Recomienda establecer fuentes confiables para obtener información sobre el covid-19, así como determinar horarios fijos para realizar esta actividad y evitar la incertidumbre que trae consigo la sobreinformación.
También sugiere el desarrollo de juegos en familia, mantener una dieta saludable, practicar ejercicios y aprovechar los días en casa para el desarrollo de tareas que antes no pudieron realizarse por falta de tiempo, entre otras pautas aconsejadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el cuidado de la salud mental.









