En la semana del 12 de octubre, El Fondo Monetario Internacional (FMI) presentó su Panorama Económico Mundial, titulado “Un ascenso largo y difícil”. Este documento de referencia para muchos analistas, hacedores de política económica, empresarios y otros interesados, es uno más que va mostrando cómo lo que se ha bautizado “La Gran Encerrona” (The Great Lockdown) de 2020 ha contribuido a una importante recesión mundial, pero que estamos iniciando un camino hacia la recuperación.
Esta recuperación va a constar de dos etapas: Un rebote estadístico en el 2021 y un cierre de brecha con el nivel de actividad económica exhibido en el 2019 que en muchos casos durará hasta el 2023. Sin embargo, la generalidad va a ser que aun en las economías que logren cerrar su brecha de producto hacia finales de 2021 o 2022, vamos a tener economías más débiles en el mediano plazo con menor crecimiento, importantes desafíos en el mercado de trabajo y gobiernos muy endeudados.
Gran parte de la recuperación en las tasas de crecimiento que van a mostrar los países a partir del rebote de 2021 se debe a la enorme factura que estuvieron dispuestos a pagar los gobiernos en términos de respuestas fiscales, monetarias y regulatorias orientadas a proteger el ingreso disponible de las familias, apoyar el flujo de caja de las empresas y facilitar el crédito en este ambiente de incertidumbre del 2020.
Un aspecto al que tendremos que prestar atención es que las proyecciones alertan que la recuperación será larga y muy desigual, particularmente en aquellos países que deban seguir enfrentando el virus.
El FMI establece que el impacto de esta crisis sobre la oferta global estará un buen tiempo con nosotros, que se revertirán los logros en pobreza extrema por primera vez en dos décadas y que la concentración del impacto caerá más en las mujeres, el sector informal y los menos educados, una trilogía importante en la República Dominicana…y no entremos en los potenciales problemas de capital humano y competitividad que poco a poco estamos adicionando por mantener todo el sistema educativo público y privado cerrado todavía.
Las experiencias más recientes en gestión de crisis muestran que una vez se implementan políticas económicas, financieras y sociales para mitigar los impactos esperados de estas crisis, retirar los distintos estímulos, de eventualmente poderse, es una tarea más compleja que crearlos.
Esta crisis no es distinta y en ese sentido, lo sensato es mantener las políticas de estimulo al sector financiero, empresarial y las familias en el 2021. Con seguridad, hay espacio para afinar los programas, pero no es el momento de recoger la alfombra en la que la frágil estabilidad económica y financiera comienza a tejerse nuevamente. A lo más, puede comenzar a conversarse en una ruta de desmonte programado para los próximos años.
Sin embargo, todos los planes de estímulos necesitan gobiernos con holgura para mantenerlos. En un ambiente como el esperado en 2021, no hay espacios para pensar en reformas fiscales importantes. Esto puede generar un desgaste innecesario y a destiempo del capital político de las autoridades que lo realicen.
La ruta ideal estará compuesta por una mezcla entre mayor eficiencia en los paquetes de estímulo, una estrategia para maximizar el acceso al financiamiento de los gobiernos en los mercados nacionales e internacionales con un perfil de deuda mas estratégico, y una gestión mas activa de apoyo de acreedores bilaterales y donantes internacionales.
Si algo positivo tiene todo esto para el 2021 es que se va a mantener el ambiente de bajas tasas de interés que había iniciado con la crisis del 2008, pero que se aceleró sin precedentes este 2020 en la medida que los bancos centrales globales llenaron al mundo de liquidez.
Hoy en día, no sólo las tasas de corto plazo están en mínimos históricos, sino que los países avanzados pueden endeudarse a mediano y largo plazo, también a tasas sin precedentes. Por ejemplo, las emisiones de bonos del Tesoro Estadounidense a 10 años tienen un rendimiento de 0.70%, las de Reino Unido alrededor de 0.35%, mientras que Japón se endeuda a 10 años a tasa cero y ¡el Gobierno de Alemania exhibe una tasa de rendimiento negativa!
Las proyecciones de tasas para el 2021 son muy similares y para el caso de la Reserva Federal de Estados Unidos, sus gobernadores –en la inmensa mayoría– consideran que el ambiente de tasa próxima a cero va a permanecer por lo menos hasta el 2023.
En este sentido, el 2021 debe ser un año en el que nuestras autoridades se enfoquen en cimentar una ruta más firme para un crecimiento de mediano plazo. Debe ser un año para asumir un mayor nivel de deuda, nunca de forma irresponsable, pero de una manera orientada a dirigir esos recursos hacia proyectos con una tasa de rentabilidad mayor.
Con una tasa internacional de referencia tan cercana a cero, nuestro país debe exhibir de la mejor manera posible sus atractivos de corto plazo y su potencial de mediano plazo.
La firma del acuerdo de inversión por US$2,000 millones con el Gobierno de Estados Unidos es un paso importante en esta dirección. Este acuerdo debe facilitar que lleguen otros, en lo que el sector privado dominicano siga aprovechando los estímulos para fortalecer el crecimiento económico del país. Llegará el tiempo de ordenar la casa…
Raúl E. Hernández Báez.
Managing Partner y Consultor en Macroeconomía e Inversiones.












