La trampa del ingreso medio describe la dificultad que enfrentan múltiples países para progresar y elevar sus estándares de vida a pesar de haber logrado un cierto nivel de ingresos per cápita.
Los países se clasifican en diferentes categorías de ingresos según sus niveles económicos, y una forma común de hacerlo es utilizando la clasificación del Banco Mundial (BM), que utiliza el ingreso nacional bruto (INB) per cápita como criterio para clasificar a los países en distintas categorías.
Para el año 2022, los umbrales de ingresos nominales establecidos por el BM para clasificar a los países según INB per cápita eran los siguientes:
- Países de ingresos bajos: Menos de US$1,045.
- De ingresos medios bajos: Entre US$1,046 y US$4,095.
- De ingresos medios altos: Entre US$4,096 y US$12,695.
- De ingresos altos: Más de US$12,696.
El INB de República Dominicana en 2022 se ubicó en torno a los US$8,900, situándose en el rango de los países de ingresos medios altos. Este nivel de ingreso fue equivalente al 32% del INB de Estados Unidos. Alcanzar el nivel de ingreso actual de este país con las políticas adecuadas, podría tomar unos 40 años. O bien caer, antes de esos años, en la denominada Trampa del Ingreso Medio.
Algunos ejemplos de países que han logrado avanzar desde el ingreso medio hacia niveles más altos de ingresos incluyen a Corea del Sur, que en la década de 1980 era una economía de ingreso medio. Sin embargo, implementó políticas de industrialización y desarrollo tecnológicos que la llevaron a convertirse en una economía de ingresos altos. Taiwán también aplicó políticas de industrialización y un enfoque basado en el desarrollo tecnológico para superar la trampa.
Singapur, a través de una gestión eficaz de sus recursos y una economía orientada a la exportación, pasó de ser una economía de ingreso medio a una de ingresos altos.
China, que ha logrado un crecimiento económico extraordinario en las últimas décadas, pasó de ser una economía de ingreso medio a convertirse en la segunda economía más grande del mundo, mediante la apertura económica y un conjunto de reformas estructurales. O Chile, que avanzó desde un nivel de ingreso medio hacia uno de ingreso alto en América Latina.
Tomemos el caso de Chile por ser más cercano a nuestra realidad y puede servirnos como un caso de reflexión. A pesar de los avances que Chile ha logrado, todavía enfrenta desafíos económicos y sociales, como la desigualdad de ingresos y la falta de acceso equitativo a servicios básicos y el bajo monto de las pensiones. Estos desafíos tuvieron cómo punto culminante las movilizaciones del 2019, la llegada de una coalición de partidos al gobierno, cuyo discurso electoral fue implementar cambios fundamentales para lograr mayor equidad y acceso a las oportunidades.
El resultado de todo el proceso de malestar chileno está por verse. Todavía navega en un contexto de incertidumbre social. Superar completamente la Trampa del Ingreso Medio y mantener un nivel de ingresos alto en el futuro dependerá de su capacidad para abordar estos desafíos y mantener políticas sociales y económicas sólidas a largo plazo. Superar completamente la trampa del ingreso medio implica alcanzar un nivel de ingresos alto y mantenerlo en el tiempo.
¿Puede República Dominicana quedar “entrampada” en la temible Trampa del Ingreso Medio? Veamos la siguiente historia de un país ficticio. Hace décadas, en América Latina, se alzó un país llamado Crecilandia. Este país, en apariencia común, tenía un sueño: convertirse en una nación de prosperidad y bienestar para todos. Crecilandia estaba bendecida con recursos naturales, una población trabajadora y ambiciosa, y un gobierno comprometido con el crecimiento económico.
Desde mediados de los años 90, Crecilandia experimentó un período de crecimiento constante. Sus exportaciones de materias primas, manufacturas y servicios crecieron, lo que atrajo inversiones extranjeras y permitió la modernización de su infraestructura. La inversión en educación y tecnología también floreció, y el país se convirtió en un ejemplo para la región.
Para mediados de los años 2000, Crecilandia había logrado clasificarse como un país de ingreso medio alto. Su PIB per cápita se había más que duplicado, y la calidad de vida de sus ciudadanos mejoró significativamente. La clase media se expandió y se construyeron hospitales, escuelas y carreteras de alta calidad en todo el país.
Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba, Crecilandia se encontraba en un dilema. A pesar de su éxito, no podía superar la temida Trampa del Ingreso Medio. Como ya sabemos, esta trampa es una situación en la que los países de ingreso medio alto no logran avanzar hacia la categoría de ingreso alto.
Crecilandia no enfrentó a tiempo los desafíos críticos que la mantuvieron “atrapada” en esta trampa. La desigualdad persistente, a pesar del crecimiento económico, ensanchó la brecha entre ricos y pobres. La falta de políticas efectivas para abordar la desigualdad socavó los beneficios del crecimiento.
La corrupción y la debilidad institucional disminuyeron la confianza en el gobierno y obstaculizaron el desarrollo económico sostenible. La dependencia de sectores muy frágiles a los choques externos aleatorios como la exportación industrial de bajo valor agregado, servicios turísticos y la falta de diversificación económica hicieron de Crecilandia una economía vulnerable a los cambios en el entorno económico global.
A pesar de las advertencias de economistas y expertos, el gobierno de Crecilandia no implementó a tiempo las reformas estructurales necesarias. La clase política estaba más enfocada en mantener su poder y estatus que en abordar las cuestiones que mantenían al país en la Trampa del Ingreso Medio.
Con el tiempo, la economía de Crecilandia comenzó a desacelerarse, y los beneficios del crecimiento se desvanecieron. La población, especialmente la clase media y los más vulnerables, comenzó a sentir los efectos de la desaceleración económica. La falta de inversión en educación y tecnología adecuada llevó a una disminución en la productividad y competitividad del país.
Crecilandia se convirtió en un ejemplo triste de un país que había desperdiciado su potencial. El sueño de convertirse en una nación próspera se había desvanecido en el horizonte. La historia de Crecilandia sirve como una lección de la importancia de abordar a tiempo desafíos fundamentales como la desigualdad, la corrupción y la falta de diversificación económica para evitar caer en la Trampa del Ingreso Medio y continuar avanzando hacia un futuro más propicio e inclusivo.
República Dominicana tiene la oportunidad de asumir el desafío de no caer en la Trampa del Ingreso Medio y sufrir las consecuencias como las sufrió Crecilandia. Puede evitar los riesgos de verse en una situación como la que vive un país económicamente exitoso como Chile, si asume a tiempo las reformas necesarias para ello. Un primer paso es establecer una política explícita de convergencia con los indicadores de desarrollo de los países que conforman la Organización y la Cooperación Económica -OCDE- y una política explícita de convergencia interna, al fijar los objetivos del desarrollo en el territorio tomando como meta un parámetro de referencia.
Esta política de convergencia externa e interna establecería el catálogo y la secuencia de reformas necesarias para evitar caer en la Trampa del Ingreso Medio. Permitiría ayudar a resolver temas cómo la potencial pérdida de productividad y competitividad, la falta de una inversión eficaz en capital humano, y problemas institucionales que pueden llevar a la inestabilidad política y la falta de un efectivo Estado de derecho.
Superar la Trampa del Ingreso Medio puede ser un desafío complejo que requiere de pactos políticos y una combinación de políticas y reformas estructurales valientes. ¡Comencemos!





