¿Alguna vez te has preguntado cómo las personas toman la importante decisión de si serán donantes de órganos ‘post-mortem’? Más importante aún, ¿te has preguntado cómo podría el Estado incentivar a que más personas se convirtieran en donantes de órganos?
Existen estudios realizados en varios países que revelan un fenómeno intrigante en torno a la decisión de donar o no nuestros órganos después de la muerte. En estas y otras decisiones importantes se observa una diferencia significativa entre lo que las personas dicen que quieren hacer y lo que realmente terminan haciendo.
Por ejemplo, un estudio realizado en Alemania confirma que el 84% de su población tiene una actitud positiva frente a la donación de órganos, sin embargo, sólo el 36% de estos posee la tarjeta que confirma su estatus de consentimiento a donar. Esta dicotomía entre la disposición de donar y el bajo porcentaje de donadores que han completado el formulario de manera positiva tiene una posible explicación y solución (Beraldo & Karpus, 2021).
Según la teoría y evidencia de la economía del comportamiento, existe un sesgo que describe que cuando no tenemos una preferencia marcada al momento de tomar una decisión, somos más propensos a la inacción o la “inercia”; esto es conocido como el sesgo de status quo. En otras palabras, cuando no estamos seguros de cuál opción elegir, preferimos no elegir, dado que esto garantiza que las cosas permanecerán como están, a pesar de que las opciones presentadas puedan reflejar un mejor resultado. De hecho, se evidencia una tendencia sistemática de las personas a no cambiar la opción predeterminada o ‘status quo’, independientemente del contenido de las opciones presentadas (Monroy C., 2016).
Esta tendencia a la inacción tiene consecuencias, aunque pueda parecer lo contrario. Cuando hablamos de donación de órganos —o de cualquier tipo de consentimiento— es crucial considerar el sistema utilizado para presentar las opciones a elegir. En este artículo, nos centraremos en dos tipos de sistemas: el opt-in y el opt-out. En países como Dinamarca, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos, se utiliza un sistema opt-in. En este sistema, para dar tu consentimiento, debes marcar activamente que das dicho consentimiento. Por lo tanto, cuando no se toma ninguna acción (status quo), se asume que no quieres ser donante. En otras palabras, opt-in indica que debes dar el “sí”, ya que la opción “default” es que no. Por otro lado, en países como España, Bélgica, Francia, Hungría y Colombia, la opción “default” es que sí quieres ser donante. Por lo tanto, tienes que hacer “opt-out”, o seleccionar activamente que no quieres ser donante (Monroy C., 2016).
En países como Australia, Bélgica o Francia, la tasa de donación de órganos supera el 98%, mientras que en Alemania o el Reino Unido apenas supera el 12%. Entonces, ¿dónde está la diferencia? La respuesta se encuentra en el efecto del status quo (Rul, s.f.). Cuando combinamos la tendencia a la inacción con un sistema que tiene opciones predeterminadas, podemos concluir que la mayoría de las personas, por inercia, se adhieren a la opción predeterminada. Por esto se registra una tendencia significativa de mayor cantidad de donantes en países donde los formularios de consentimiento están predeterminados para ser donante de órganos, mientras que en los países donde la opción predeterminada es no ser donante de órganos tienden a tener una menor cantidad de personas con consentimiento para donar.
En países como Francia, Hungría y Polonia, se utiliza el sistema opt-out, donde menos del 1% de las personas rompen la tendencia del status quo y modifican su estatus a “no donantes”. En contraste, el 99% restante se considera donante por defecto. Sin embargo, en el Reino Unido y los Países Bajos, a pesar de invertir mucho dinero en campañas de sensibilización, solo se ha logrado que un 17% y un 27% respectivamente modifiquen la opción “default” para ser donantes de órganos al momento de su fallecimiento (Monroy C., 2016).
Sin embargo, ¿es ético utilizar este “empujón” o “nudge” para incentivar la donación de órganos? Según el principio ético “As Judged by Themselves”, en español “Según Ellos Mismos”, se busca garantizar que la aplicación de la economía conductual para el diseño de políticas públicas —y otros sistemas de elección como estos— siempre estén basados en las preferencias anteriormente conocidas, dado que las mismas representan una mejoría para la población “Según Ellos Mismos” (Hart & Moore, 2006).
Este principio sostiene que los “empujones” son diseñados para que las personas tomen las decisiones que hubiesen tomado en condiciones más claras e informadas. Para el caso de la República Dominicana la donación de órganos está regida por la Ley 329-98. La entidad encargada de la gestión de donación es el Instituto Nacional de Coordinación de Trasplante (INCORT), la misma da acceso al formulario y solicitud del Carné de Donante, proceso que confirma que el sistema para la República Dominicana es “opt-in”, donde es necesario comunicar explícitamente el consentimiento para ser donante.
Un reporte publicado en 2021 por la Red de Consejo Iberoamericano de Donaciones y Trasplantes indica que la República Dominicana tiene una tasa anual de donación post-mortem de 0.8 por cada millón de habitantes (Ramos, 2023). En comparación, otros países de Latinoamérica presentan tasas mayores de donación de órganos por millón de habitantes: Argentina con 19.6, Brasil con 14, Chile con 10.4, México con 4.5 y Perú con 1.6. Sin embargo, es importante destacar que esta tasa varía según distintos factores, como leyes, regulaciones, nivel de atención médica, y no menos importante, la cultura de cada país con relación a este tema (Rojas, 2022).
Es posible que te encuentres reflexionando sobre la posibilidad de donar tus órganos después de tu fallecimiento. Si tu respuesta es positiva y aún no eres un donante potencial, observa la tendencia general a la inacción, pregúntales a tus allegados si estarían dispuestos y evalúa cuántos de ellos tienen respuesta positiva pero aun así no han consensuado ser donantes. Ese es el efecto status quo combinado con una opción default de opt-in.
Ahora solo nos falta validar qué porcentaje de la población dominicana está dispuesta a donar después de su fallecimiento para evaluar si es oportuna una modificación del default en nuestro país.













