Es incuestionable que el endeudamiento externo es fundamental para cubrir las brechas en inversiones y gastos generados por la insuficiencia de recursos internos. No obstante, cuando “coger prestado” se convierte en una obsesión para las clases políticas gobernantes, el crecimiento económico puede verse seriamente afectado, al igual que los programas sociales de ejecución permanente que, en países como la República Dominicana, enfrentan desigualdades sociales, escasez de oportunidades de empleo justamente remunerado y niveles de pobreza aún significativos. Desde los años noventa, hemos defendido una gestión transparente de la deuda pública consolidada.
Administrada de manera racional y en un contexto de políticas y estrategias de crecimiento consensuadas sectorialmente, la deuda puede impactar positivamente en el crecimiento económico, los indicadores de pobreza y el bienestar general. Sin embargo, las administraciones partidarias de las últimas dos décadas han mostrado políticas de crecimiento difusas, además de una aparente falta de interés en lograr consensos efectivos en torno a las metas prioritarias de desarrollo, a pesar de contar con numerosos planes y estrategias de gran valor práctico.
En algunas ocasiones, el endeudamiento externo ha frenado la inversión privada, incrementado la presión fiscal, reducido forzosamente las inversiones en paliativos sociales y limitado seriamente la capacidad de emprender reformas estructurales sustantivas, a pesar de ser proclamadas como necesidades nacionales inaplazables en períodos electorales. Por tanto, el presidente Abinader debe priorizar la gestión transparente del endeudamiento del país.
Para ello, es fundamental que requiera en todo momento información confiable de las autoridades competentes, con el fin de fomentar el crecimiento y la inversión productiva, así como para ofrecer datos fiables a acreedores, donantes, analistas y organismos de calificación crediticia. Cuando esta información es confiable y objetiva, aumenta las oportunidades de inversión y el emprendimiento de nuevos negocios.
La calidad de la información también es crucial para satisfacer las exigencias de los ciudadanos en cuanto a las condiciones y objetivos de la deuda, especialmente en períodos electorales. Habitualmente, el endeudamiento no se justifica de manera convincente ante la ciudadanía y las empresas las obligaciones financieras asumidas, limitándonos al anuncio de las aprobaciones en el Congreso Nacional. Desde el inicio del presente siglo, las contribuciones de las seis administraciones políticas surgidas de elecciones libres al crecimiento de la deuda pública consolidada, que comprende el endeudamiento externo e interno, presentan notables diferencias.
Consideremos dos indicadores: las variaciones absolutas por períodos de gobierno y la tasa de participación de la deuda total consolidada en el PIB.
En la tercera administración del PRD (2000-2004), el endeudamiento externo consolidado aumentó en 6,487.2 millones de dólares, con una propensión al endeudamiento interno superior al externo en 1,050.8 millones de pesos. Al final de ese período, la deuda externa alcanzó los 10.8 mil millones de dólares, más de diez veces el monto heredado en 1978 de las tres primeras administraciones del Dr. Balaguer.
El promedio de la tasa de participación de la deuda en el PIB en ese cuatrienio fue del 29.3%, destacándose el último año con aproximadamente 47%, uno de los niveles más elevados de la región en ese momento. Este alto nivel de endeudamiento ocurrió en un contexto de graves retrocesos en política monetaria, financiera y fiscal, culminando en una de las crisis estructurales más graves del país en mucho tiempo.
En agosto de 2004, comenzó el largo reinado del Partido de la Liberación Dominicana. A los dos presidentes electos de ese partido, el pueblo dominicano les otorgó una alta legitimidad tras las frustraciones del tercer mandato del PRD, los acuerdos con el PRSC y el surgimiento del liderazgo del Dr. Leonel Fernández, quien fuera respaldado públicamente por el profesor Juan Bosch y el Dr. Joaquín Balaguer, dos de las figuras más destacadas de la historia política dominicana moderna.











