La economía dominicana ha crecido de manera sostenida durante los últimos 60 años con las excepciones propias de los episodios afectados por crisis globales o internas. Las crisis de la deuda latinoamericana en los 80 e inflacionaria de principios de los 90, así como la financiera de 2003-2004 y el impacto que tuvo el covid-19 fueron verdaderos retos.
Sin embargo, en todo este tiempo de bonanza económica no todo ha salido bien. A pesar de crecer todos los años a una tasa promedio anual de 5.0%, el bienestar esperado no se ha hecho realidad en la generalidad de las personas.
Habría que preguntarse qué no ha salido bien o qué no se ha hecho bien. La visión cortoplacista ha sido, sin duda, un tema recurrente entre quienes han tenido la tarea de gobernar República Dominicana.
El concepto de continuidad de Estado estaba fuera del radar de los gobernantes durante los primeros años posdictadura. Lo común era no darle seguimiento a los proyectos y planes de la gestión anterior, especialmente si era de un partido contrario.
Esta visión, equivocada por demás, por suerte comenzó a cambiar durante los últimos 25 años. Los gestores de la cosa pública se dieron cuenta de que la institucionalidad es un intangible vital para alcanzar metas de desarrollo.
En este contexto surgen leyes con el objetivo de fortalecer el orden institucional del país, como la Estrategia Nacional de Desarrollo. Más recientemente, el Gobierno anunció Meta RD 2026, una apuesta que busca acelerar el crecimiento con la inyección de tecnología e innovación, esto con el propósito de potenciar la productividad.
Es justamente en el capital humano necesario y capacitado donde han estado en Talón de Aquiles de la economía dominicana, la cual ha crecido con base en la inyección de capital físico. Es por esto que reconocer que los beneficios sociales del crecimiento experimentado por República Dominicana han estado por debajo de lo esperado resulta urgente.
Jamás podrán hacerse los correctivos de lugar si no se admiten las debilidades. Plantearse escalar a un próximo nivel de desarrollo, atrayendo inversión demandante de mejores capacidades tecnológicos y humanas, requiere de un compromiso serio de Estado.
Crecer no será suficiente. Lograr un verdadero desarrollo económico debería ser la meta y para ello es necesario más y mejores recursos humanos.








