Este pasado lunes 20 de enero, Donald Trump juró como presidente de los Estados Unidos de América convirtiéndose, de paso, en el número 47 en la historia de la nación más poderosa del mundo. Como era de esperarse, Trump inició su discurso estableciendo una diferencia clara con sus antecesores y afirmando que “el declive de América -de manos de los demócratashabía terminado”.
Con 78 años en sus espaldas, Trump prometió realizar una revolución del sentido común, al tiempo que resaltó que no existe una nación en el mundo igual a los Estados Unidos, y destacando también que los Americanos son exploradores, creadores, innovadores, emprendedores y pioneros en muchas cosas. Por demás, en un discurso de toma de posesión propio de este nuevo mandatario, enfatizó en que, “en estos momentos, empieza la edad de oro” de la Nación Americana.
En términos económicos, la alocución de Trump se centró en la necesidad de fortalecer la economía norteamericana, y prometió revitalizar la industria manufacturera y reducir la dependencia de importaciones, de modo que USA recupere su posición como líder mundial en la producción de bienes y servicios. A ese respecto, anunció el establecimiento de un arancel del 25% sobre productos importados de México y Canadá, lo que sin dudas afectará las relaciones comerciales con esos dos países.
En esa misma línea, informó sobre la implementación de planes para incrementar la producción doméstica de petróleo y gas, basado en el objetivo de alcanzar la autosuficiencia energética y estimular la economía interna. Sin embargo, y aun cuando era casi una muerte anunciada, lo que ha generado pánico del discurso de Trump es el anuncio de las medidas ante inmigrantes que se tomarán en lo inmediato.
En efecto, según una orden ejecutiva firmada por este nuevo presidente, se establecerán restricciones a la inmigración, empezando por la declaración de emergencia en la frontera sur para permitir el despliegue de tropas adicionales para reforzar la seguridad en esa zona y combatir la entrada de ilegales al país.
Adicionalmente, se reactivará la política “Permanecer en México” a partir de lo cual se reinstaura el programa que obliga a los solicitantes de asilo a esperar en ese país mientras se procesan casos en Estados Unidos. Así también, se autorizaron operativos migratorios en iglesias, escuelas y hospitales, eliminando restricciones previas y ampliando las áreas de acción de las autoridades migratorias, al tiempo que se elimina el “parole humanitario”, es decir, el programa que permitía la entrada temporal por razones humanitarias.
Pero de todo lo anunciado por el presidente Donald Trump, lo que parece ser un cambio radical de la política interna norteamericana, es la orden ejecutiva que busca desmantelar las iniciativas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI), y en donde se plantea la eliminación de todos los programas de DEI en el gobierno federal, colocando a los empleados de estas áreas en licencia remunerada mientras se cierran sus departamentos. Esta acción también afecta a las oficinas de “justicia ambiental” y detiene las contrataciones basadas en DEI en la Administración Federal de Aviación. Para avalar esta decisión, el nuevo presidente expresó: “solo existen dos géneros: femenino y masculino”. A partir de ahora, y en perjuicio y/o en beneficio de muchos, acostumbrémonos a ver el mundo según Donald Trump.











