Era domingo, y como en cada atardecer dominical, la actividad comercial en el Mercado Dominicano de Abasto Agropecuario (Mercadom) ya se había recogido. El silencio comenzaba a tomar el control del inmenso complejo. Sin embargo, cerca de las 5:15 de la tarde la tranquilidad fue quebrada por una humareda espesa que comenzaba a elevarse desde la nave F-1, la primera estructura del complejo.
La nave de 7,000 metros cuadrados, donde operaban más de 60 comerciantes mayoristas, fue arropada por un fuego voraz. Allí se almacenaban toneladas de aceite, azúcar, arroz, ron y whisky.
“Ustedes saben que el aceite se prende más que el gasoil y que la gasolina, y el azúcar dice: ‘quítate’”, dijo Sócrates Díaz Castillo, administrador de Mercadom, mientras le contaba a la prensa lo ocurrido.
La nave ardió por más de 12 horas, según relatan testigos. Las llamas fueron tan intensas que requirieron la intervención de al menos 24 unidades de bomberos provenientes de San Pedro de Macorís, Baní, Bonao, La Guáyiga, Santo Domingo Este, el Distrito Nacional y otras localidades. Más de 350 voluntarios se sumaron a las labores de contención. A pesar de los esfuerzos, el daño fue devastador.
“Todo se redujo a cenizas”, expresó el coronel José Antuna, intendente del Cuerpo de Bomberos de La Guáyiga. “Afortunadamente, no hubo ni un rasguño. Ni bomberos ni comerciantes ni transeúntes. Eso fue prioridad salvar vidas”, comenta.
Sacrificio de 12 años
Catalina Villares no necesita mirar papeles para saber lo que perdió. Dueña de “Casa Surtidora Catalina Comercial”, vio esfumarse más de una década de sacrificio. “Tenía 12 años laborando aquí. Todo mi sacrificio está aquí. A las 5:45 me llamó una seguridad. Todo estaba cerrado. Si hubiese habido empleados, esto no pasaba”, dijo con la voz quebrada y los ojos rojos por el llanto contenido.
Su negocio no tenía seguro contra incendios. “Esto es del Estado. Si fue un cortocircuito, deben responder”, reclama.
Como ella, decenas de comerciantes mayoristas perdieron sus mercancías, estructuras y esperanzas. Manuel, quien solo quiso identificarse por su nombre, mostraba las cenizas de su almacén a un familiar por videollamada: “Mira, mira lo que quedó… Nosotros teníamos varios locales. Vendíamos arroz por saco, azúcar, habichuelas, de todo. Perdimos más de RD$60 millones. Aquí no se asegura porque son naves conjuntas. Ningún seguro te cubre eso. Vamos a ver qué pasa”.
El incendio no solo arrasó mercancías, también afectó empleos y la cadena de distribución alimentaria. Algunos comerciantes tenían hasta 60 empleados bajo su nómina. “Gente que le quitaba una carga al Estado, que pagaban sueldos decentes y cumplían con sus obligaciones”, detalló el administrador del Merca. “Esos comerciantes hoy están devastados. Perdieron todos sus ahorros”, narra con pesar.
¿Qué pasó?
La causa exacta del incendio aún no ha sido determinada. “Tenemos a la policía científica, el Ministerio de Interior y Policía y los bomberos trabajando en eso. No podemos decir una cosa por otra”, dijo Sócrates. Algunas versiones no confirmadas apuntan a un cortocircuito en uno de los negocios, pero se descarta que haya iniciado en la oficina de seguridad, la cual quedó intacta.
El mercado ya estaba cerrado cuando inició el fuego. La “pulga”, que opera en las inmediaciones y atrae a miles de personas los domingos, ya se había recogido. “Si eso pasa media hora antes, con cinco o seis mil personas aquí, esto habría sido una tragedia mayor”, reflexionó el administrador.
Pese a la magnitud del desastre, el sistema respondió con rapidez. A las 6:00 de la mañana del lunes, el servicio eléctrico fue restablecido en todas las demás naves, excepto la F-1. La operación en el mercado continuo gracias a la solidaridad entre comerciantes.
“Hoy comenzaron a operar algunos, y mañana la mayoría estará trabajando con aliados. No se va a parar el mercado. Aquí está el programa Comer del Campo al Colmado, con transporte y abastecimiento continuo. No se va a romper la cadena de suministro”, aseguró Díaz Castillo.
En el lugar del desastre, el olor a quemado sigue impregnado en el aire. Algunos caminan en silencio, otros murmuran plegarias. “Vamos a tener que ofrecer tratamiento psicológico a varios comerciantes. Es difícil perderlo todo en una noche”, reconoció Sócrates.
José Alberto Burgos, empleado de uno de los locales destruidos, consciente de la magnitud del incendio, insiste en que hubo una intervención divina. “Una nave de estas tiene 7,420 metros cuadrados. Que se haya quemado así, tanto local, y que no haya ni una sola persona herida, ni siquiera un dedo quemado, eso es grande. Ahí Dios metió su mano”, narra.
Con voz pausada, y sentado en un palé de madera, continua. “Sí, hubo muchas pérdidas materiales, pero no hubo pérdidas humanas, y eso es muy importante. Eso se recupera. El Estado ayuda, da su dinero, pero una vida humana nunca se recupera. Que se pierda un padre de familia, una madre, un hijo… eso sí sería una tragedia muy grande”, analiza.
Apoyo para los negocios
Las pérdidas económicas del Mercado Dominicano de Abasto Agropecuario (Mercadom) provocadas por el fuego que arrasó el almacén de abastos F-1 dejó pérdidas por más de RD$800 millones.
El ministro de Agricultura, Limber Cruz, aseguró que el Gobierno ayudará a los afectados. En una visita de Cruz al lugar del siniestro, expresó que el presidente Luis Abinader, al ser enterado de la situación, instruyó a los funcionarios competentes a realizar las experticias y evaluación de los daños para auxiliar a todos los afectados.













