La crisis del sector eléctrico en República Dominicana sigue siendo una piedra en el zapato del desarrollo nacional. Las tandas de apagones, combinadas con una facturación elevada, golpean a hogares y empresas, mientras el déficit de las distribuidoras se profundiza sin solución estructural a la vista.
Como si fuera un guion repetido, los legisladores quieren interpelar a Celso Marranzini, por su rol en la gestión de las EDE y en Punta Catalina, buscando respuestas en la superficie. Como dice el refrán: “la fiebre no está en la sábana”.
El verdadero reto es que algún gobierno tenga la voluntad de asumir el costo político de una reforma profunda. Las pérdidas técnicas y no técnicas, junto al lastre histórico de ineficiencia, hacen del sistema eléctrico un laberinto complejo.
Resolverlo exige más que discursos: requiere visión, coraje y compromiso.











