El reciente escándalo en torno a la administración de la ARS Senasa, con un déficit que ahora se ha determinado que es el resultado de actos de corrupción, pone de manifiesto una situación que se está dando en otros sectores económicos del Estado. Se trata de su rol regulador a través de las llamadas superintendencias.
Vemos que la Superintendencia de Bancos (SB) se ocupa de regular en forma efectiva a las entidades financieras, incluidas las del Estado, lo cual es correcto. Pero uno se pregunta, ¿qué tan rigurosa fue la labor del anterior superintendente de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril) con respecto a las irregularidades que se estaban produciendo en Senasa.
Esto también llama a pensar en otras superintendencias, como la de Electricidad, que no parece estar muy pendiente de las decisiones que se toman en algunas de las empresas estatales de ese sector, que al igual que las privadas, deben ser bien reguladas. La labor de regulación no puede dejarse de lado. Cuidado.










