La diplomacia española en toda Latinoamérica se verá “condicionada” por la política “coercitiva”, de “presión económica” y “alineamiento ideológico” del presidente de EE.UU., Donald Trump, en la región, que “reduce el margen de maniobra” del Gobierno español y la Unión Europea, según un informe del Instituto Elcano presentado este miércoles.
No obstante, “también existe una oportunidad de desempeñar un papel mediador en Venezuela, considerando la incertidumbre actual y ciertos activos diplomáticos y políticos que atesora España”, incide el documento ‘España en el mundo en 2026: perspectivas y desafíos’.
En este contexto, la diplomacia española y europea deben adoptar un enfoque “pragmático e institucional”, abandonando una actitud “reactiva” y desplegando políticas “propositivas” en ámbitos críticos para América Latina, como la seguridad ciudadana, la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, la cohesión social y la transición verde.
Revitalizar el proyecto iberoamericano
Finalmente, se identifican dos hitos clave de 2026: la Cumbre Iberoamericana de Madrid, que representa una oportunidad para revitalizar un espacio hoy “estancado”; y la ratificación del acuerdo comercial UE-Mercosur, del que España es firme partidaria, pero rechazado ampliamente por el importante sector agropecuario español y europeo.
“El éxito o fracaso de ambos procesos condicionará de forma decisiva el papel español en América Latina en los próximos años”, incide el estudio.
En esa cumbre, España se juega “mucho de su prestigio”, indica Elcano. El proyecto iberoamericano, en “retroceso” desde hace una década, tiene una nueva oportunidad: “La reconfiguración geopolítica y la pugna entre EEUU y China permite pensar en una conexión más intensa entre España (y la UE) y América Latina”.
De ese modo, “los países de la región pueden escapar de la trampa de verse obligados a optar entre el autoritarismo de Pekín y el unilateralismo de Washington”.
Al margen de afinidades ideológicas
Pero, para construir semejante alianza, esta debe ser atractiva, creíble y basarse en hechos concretos y en una política de Estado capaz de mantenerse a largo plazo.
“Esto requiere desarrollar una agenda que incorpore los grandes temas del momento, no limitados a la transición energética y digital, sino cuestiones como el combate contra el crimen organizado, la lucha contra la corrupción y la desigualdad, el fortalecimiento democrático y las migraciones”.
La actual coyuntura “aconseja” que España sea escrupulosamente institucional y refuerce la diplomacia, según Elcano, combinando la defensa de los intereses europeos con los particulares de España. Esto obliga a colocar el pragmatismo y la visión de Estado por encima de las afinidades ideológicas.
“De lo contrario, España correría el riesgo de condicionar en exceso su política hacia América Latina, empezando por la XXX Cumbre Iberoamericana” de 2026.
España debe priorizar en América Latina sus intereses geopolíticos y económicos –y, por extensión, los de la UE–, reforzando tanto su poder blando (lengua, cultura, cooperación…) como duro (cláusulas políticas y sociales vinculadas al acceso al mercado europeo, regímenes de sanciones selectivas, cooperación policial y judicial).
Un papel “activo” en Venezuela
España podría implicarse, según el informe, en el apoyo a un proceso de transición pacífica en Venezuela.
“La caída de Maduro y el escaso interés de EE.UU. de promover la democracia a corto plazo abren un espacio para desempeñar un papel activo que pueda desembocar en elecciones libres y un nuevo marco de concordia, aprovechando -argumenta Elcano- que no hay ningún otro país que cuente con actores tan cercanos a todas las partes”.
Y si los dos grandes partidos españoles apoyasen esa mediación (socialista y conservador), España podría llegar a tener “gran credibilidad” en ese cometido. Además, está “bien situada” para sumar al esfuerzo a la UE y otros gobiernos latinoamericanos para disipar cualquier idea de “tutela” del proceso.













