Un ciudadano envió 300 euros a una hija que tiene estudiando en España. Fue a una famosa y remesadora porque tenía urgencia de hacerle llegar el dinero a su hija, quien estudia una maestría sin beca. Como padre, haciendo de tripas corazón, se siente satisfecho porque está haciendo lo correcto.
Sin embargo, tiene una queja que debería llamar la atención. Quizá por la posición cuasi dominante de la remesadora, se vio compelido a pagar 64 euros por el envío. El padre fue con los 300 euros, pero se lo reciben en pesos. Le compran los euros a una tasa ridículamente baja, pero al mismo tiempo paga una tasa por el envío que supera el 8%.
Cuando sacó cuenta de cuánto tuvo que pagar en realidad, el resultado es que 64 euros sobre 300 equivalen a un 21.3%, es decir, que por cada 100 euros tuvo que pagar 21.30, lo cual resulta oneroso y burdamente abusivo.











