Marcos (nombre ficticio), un joven profesional con un historial financiero impecable, accedió a realizar un “favor” a un antiguo compañero de universidad: recibir una transferencia de RD$80,000 en su cuenta personal a cambio de una pequeña comisión. Movido por la confianza y la oportunidad de ganar dinero extra, completó la operación sin cuestionar el origen de los fondos, retiró el monto en efectivo y se lo entregó a su conocido en un centro comercial.
Sin embargo, las consecuencias fueron devastadoras apenas tres semanas después, cuando su tarjeta fue rechazada en un establecimiento. Al contactar a su entidad bancaria, descubrió que su cuenta había sido bloqueada preventivamente por orden del Ministerio Público, al estar vinculada a una investigación por actividades ilícitas con el uso de sus datos para blanquear dinero, comprometiendo gravemente su futuro y sus planes de emprender.
El caso de Marcos no es aislado; es más común de lo que parece en República Dominicana. En el mundo de las finanzas personales, las personas suelen enfocarse únicamente en el ahorro, la inversión y el control de gastos. Sin embargo, existe un pilar fundamental que a menudo se descuida por exceso de confianza o compromiso social: la custodia de nuestra identidad financiera.
Bajo la premisa de “hacer un favor” a un amigo, familiar o allegado, muchas personas ceden sus cuentas bancarias para recibir transferencias ajenas. Lo que inicia como un gesto de apoyo puede transformarse rápidamente en una pesadilla legal y financiera.
Como bien advierte la Oficina de Servicios y Protección al Usuario (ProUsuario), de la Superintendencia de Bancos (SB), en su artículo “Prestar tu cuenta bancaria no es un favor, es un riesgo legal”, una cuenta bancaria es un instrumento personal e intransferible.
Advierte que, aunque parezca un gesto de solidaridad, esta práctica puede implicar riesgos legales y financieros, como la vinculación con actividades ilícitas, lo que puede conllevar no solo el bloqueo de la cuenta, sino también la inclusión en investigaciones por lavado de activos, fraude o robo.
Cuando usted entrega su número de cuenta, no solo está prestando un servicio; está asumiendo la responsabilidad legal de cada centavo que transite por ella.
Recuerde que, para el sistema financiero y las autoridades, usted es quien realiza los movimientos, ya que es el único titular ante el banco. En muchos casos, el argumento de “yo no sabía para qué era el dinero” carece de peso legal en la mayoría de las investigaciones por lavado de activos o fraude. Al estar vinculada a su documento de identidad y datos biométricos, cualquier anomalía mancha directamente su historial.
“Cuenta mula”
En el lenguaje de los delitos financieros, una “cuenta mula”, también conocida como “cuenta puente”, es aquella utilizada por terceros para fragmentar y ocultar el rastro de dinero de origen ilícito. Las redes de estafadores buscan perfiles con buena reputación financiera para no levantar sospechas de la autoridad supervisora.
Si usted permite esto, podría ser procesado como cómplice de delitos graves asociados a las cuentas bancarias prestadas, como estafas electrónicas, “chiperos”, suplantación de identidad, robo de dinero y financiamiento de actividades prohibidas.
ProUsuario alerta que, aunque usted no tenga conocimiento del origen del dinero ni de su destino, su cuenta puede ser utilizada como canal para la realización de actividades ilícitas, que son penadas por la Ley 155-17 Contra el Lavado de Activos y el Financiamiento del Terrorismo.
Implicaciones
Un movimiento sospechoso activa alertas automáticas en las entidades de intermediación financiera (sujetos obligados). Las consecuencias son severas y de largo plazo; entre ellas figura el bloqueo inmediato, mediante el cual usted perdería acceso a sus propios fondos mientras dure la investigación.
El banco puede cerrar su cuenta permanentemente debido al riesgo reputacional. Cuando intente solicitar un préstamo para esa meta financiera propuesta para este año, todas las entidades podrían negárselo porque su nombre aparece vinculado a una investigación por fraude y lavado de activos.
Entre las señales de alerta para identificar una solicitud peligrosa o malintencionada, ProUsuario advierte que no todas las peticiones son obvias. Por tanto, usted debe estar atento si alguien lo aborda con los siguientes argumentos:
El incentivo económico, con el famoso “te daré una comisión por dejarme pasar este dinero por tu cuenta”; o la urgencia injustificada, con frases como “necesito retirar esto hoy mismo y mi cuenta tiene un límite o problema”. También la falta de transparencia, al sugerir situaciones como “no hagas preguntas, solo recíbelo y entrégamelo en efectivo”.
Asimismo, el uso de la confianza: “Soy tu primo, ¿acaso no confías en mí?”. Por ejemplo: un primo le pide recibir RD$50,000 porque supuestamente su cuenta está bloqueada por un tema de impuestos. Usted acepta y le entrega el efectivo. Semanas después, recibe una citación judicial: ese dinero provenía de una estafa por redes sociales a una persona de otra ciudad.
Ahora, usted es el principal sospechoso de fraude y sus cuentas personales han sido congeladas para investigación.
A tomar en cuenta
- No preste cuenta. Aunque sea a alguien de confianza, nunca ceda Su cuenta para recibir o mover dinero de terceros. Legalmente, usted es responsable de todas las transacciones.
- Desconfíe. Si le ofrecen una comisión por usar su cuenta, es una señal de alerta. Este tipo de propuestas suele estar vinculado a fraudes o lavado. El dinero rápido casi siempre implica riesgos.
- Verifique. Nunca acepte recibir fondos sin saber de dónde vienen. La falta de claridad es típica en operaciones ilícitas. Si no puedes confirmar su procedencia, diga que no.
- No actúe con prisa. La urgencia es una táctica común para presionarte. Frases como “lo necesito hoy” buscan que no pienses. Tómese su tiempo antes de decidir, la prisa suele salir cara.
- Identidad financiera. Su cuenta bancaria es parte de su identidad. Cualquier irregularidad quedará registrada a su nombre. Esto puede afectar créditos y acceso a servicios financieros.
- Sin ponerse en riesgo. Apoyar a alguien no implica prestar su cuenta. Puedes ayudar con dinero propio o asesoría. Existen formas seguras de colaborar. La prudencia también es solidaridad.













